Aunque la autoridad electoral no precisó la participación, es probable que menos de una cuarta parte del censo acudiera a las urnas. El presidente reelegido no logra así la robusta legitimación que buscaba
Por Ignacio Cembrero, publicado en El Confidencial, el 8 de septiembre de 2024
Argelia dio el sábado un gran paso atrás, volviendo a los resultados electorales de los años 60 y 70, los tiempos en que gobernaba el partido único, cuando los aspirantes a presidentes ganaban con porcentajes aplastantes que superaban el 90%.
Abdelmajid Tebboune (78 años) fue reelegido por un segundo quinquenio con nada menos que el 94,65% de los sufragios (5,2 millones de votos) tras la celebración de unas presidenciales a las que solo pudieron concurrir otros dos candidatos.
Sus dos rivales obtuvieron porcentajes ridículos. Abdelaali Hassani, del Movimiento de la Sociedad por la Paz (MSP), un partido islamista moderado y legal, tuvo que conformarse con el 3,17 % de los sufragios (178.800 votos). Youcef Aouchiche, del Frente de Fuerzas Socialistas, una formación laica y de izquierdas, logró el 2,16 % (122.146 votos).
La victoria, teóricamente apabullante, de Tebboune, tiene un largo amargo. De los 24 millones de electores convocados a las urnas el pasado sábado, solo un 23,4 % depositaron una papeleta válida en las urnas, casi todas a su nombre. Es un número escaso para un presidente que trataba de afianzar su legitimidad tras cinco años de mandato. En Cabilia (6 millones de habitantes), una región con fama de díscola en la que circulaba la consiga de «cero votos», la participación fue casi nula.
Diecinueve horas después del cierre de los colegios electorales, Mohamed Charfi, el presidente de la Autoridad Nacional Independiente Electoral (ANIE), compareció, por fin, sin aceptar preguntas para anunciar los resultados. Omitió, sin embargo, precisar a cuánto ascendía la abstención y el número de votos blancos o nulos. A lo largo de la jornada Charfi no había proporcionado ningún resultado provisional del escrutinio.
La víspera, tres horas después del cierre de los colegios electorales, Mohamed Charfi sí había indicado que la participación casi definitiva era del 48,03 %, nueve puntos por encima de la que hubo en las presidenciales de 2019, las primeras a las que se presentó Tebboune.
Enseguida, los islamistas moderados del Movimiento de la Sociedad para la Paz (MSP), cuyo candidato presidencial era Abdelaali Anie, denunciaron en un comunicado las «presiones ejercidas sobre algunos responsables de colegios electorales para hinchar los resultados», especialmente la participación. El porcentaje anunciado les parecía «extraño». También se quejaron de que no se entregó el acta del recuento de las mesas a los compromisarios de los candidatos.
Atmane Mazouz, que encabeza el Reagrupamiento para la Cultura y la Democracia, un partido legal que llamó al boicoteo, resaltó en redes que «la deserción de las urnas es tal que los centros urbanos dan la impresión de ciudades muertas (…)». La participación real no fue, según él, superior al 18 %.
Desde la sociedad civil también surgieron voces en el mismo sentido. «Como era de esperar, la participación, en el fondo, fue ridícula«, escribió en Facebook Mohamed Hennand, profesor jubilado de la Escuela Nacional de Ciencias Políticas de Argel.
«Las elecciones presidenciales son una especie de referéndum sobre la popularidad del presidente Abdelmajid Tebboune que necesita una legitimidad fuerte para dar así una imagen que refleje la reconciliación entre el pueblo y las autoridades gracias a la política que él ha desarrollado (…)», explicaba este fin de semana Rabah Lounci, profesor de la Universidad de Orán, en la publicación «Ultra Algeria«. Esa legitimidad no se consigue con una victoria teóricamente arrolladora, sino con que una mayoría de argelinos acuda a votar. No lo logró.
«La deserción de las urnas es tal que los centros urbanos dan la impresión de ciudades muertas»
Hasni Abidi, director del Centro de Investigación sobre el Mundo Árabe y Mediterráneo de Ginebra, achacaba anoche la escasa movilización del electorado a la «mediocridad de la campaña» en la que los tres candidatos «no estaban a la altura» como demuestra que el presidente saliente “apenas dio cuatro mítines” durante los 19 días de campaña. Además, «¿para qué votar si todos los vaticinios son favorables al presidente?», se preguntaba.
Nada más proclamarse el arrollador triunfo de Tebboune, numerosos argelinos reaccionaron en redes sociales bromeando sobre un porcentaje «a la manera de Corea del Norte» o invitando al presidente Emmanuel Macron a estudiar el sistema argelino para no volver a perder unas elecciones como las de julio pasado.
Argelia dio el sábado un gran paso atrás, volviendo a los resultados electorales de los años 60 y 70, los tiempos en que gobernaba el partido único, cuando los aspirantes a presidentes ganaban con porcentajes aplastantes que superaban el 90%.
