Del equilibrio de fuerzas entre las dos posiciones que resulte de las elecciones de junio dependerá que Europa sea capaz de abordar con éxito los grandes retos que se han ido mencionando o que caiga en el estancamiento y la debilidad.
COLABORACIÓN: José Antonio García-Albi Gil de Biedma
Tengo la impresión de que en España las elecciones europeas se viven y celebran en clave nacional. Una suerte de test sobre cómo evoluciona la tendencia del voto interno de cara a unos comicios nacionales. Reconozco que no me siento capacitado para indicar aquellos países en los que no es así.
En junio los ciudadanos de la UE estamos llamados para definir de nuevo el parlamento europeo y tal vez sea una ocasión estupenda para que adquieran una valoración adecuada a la dimensión de su importancia. Y me gustaría, así mismo, ver a los políticos y a los medios de comunicación actuar en esa onda y no con la simplicidad lacerante a la que nos tienen acostumbrados. Y es que la composición del futuro parlamento europeo va a ser de vital importancia para los países miembros.
Al escenario bélico generado por Rusia, que supone una amenaza real para los países de la UE, se unen las elecciones a celebrar en EEUU el próximo noviembre. Sea cual sea su resultado la seguridad europea se verá afectada. Si gana Biden habrá un presidente con una edad y unas condiciones que dificultarán mucho una política activa de defensa. En el caso de que gane Trump, sabemos que es partidario, no sin razón, de que Europa tenga una política de defensa más vigorosa y menos dependiente del amigo americano. Comprender que hay que fortalecer la defensa común será un gran reto para el nuevo parlamento.
Hay otras dos cuestiones vitales para la Unión Europea que son vistas de forma muy dispar por los distintos grupos políticos y la forma en la que se aborden va a depender mucho de la composición del arco parlamentario; me refiero a la cuestión de la inmigración y a la de la política agraria común. Ambos temas se encuentran en una situación insostenible.
Pero voy a hablar ahora de los ciudadanos europeos que son los que, a la postre, depositarán la papeleta en la urna. Entre los cuales, creo interpretar y así los escucho de boca de gente más experta que yo, se está instalando una suerte de cansancio por no comprender ni compartir las imposiciones que provienen de la Unión y que afectan, sin consenso ni fundamento, a su vida cotidiana.
Es muy interesante analizar los datos publicados por Eurostat sobre el PIB per cápita en términos de estnádares de poder adquisitivo. Es un índice que al ser homogeneizado y neutralizado de efectos locales, sirve para medir el poder adquisitivo de los ciudadanos de los distintos países y ponerlo en relación con la media europea a la que se la da un valor de 100 de forma que puedes estar porcentualmente por encima o por debajo de dicha media en términos de poder adquisitivo neto.
Pues bien en el periodo que va del 2017 al 2023 todos los países que eran industrialmente potentes han reducido el poder adquisitivo de los ciudadanos. Hablamos de Alemania, Francia, Italia, Austria, Suecia etc. Aunque se mantienen algo por encima del 100% todos sus ciudadanos se han visto empobrecidos. En España tenemos nuestra especial penitencia; no solo empeoramos si no que estamos por debajo de la media. Hemos pasado del 93 al 87% de la media europea. El conjunto de la zona Euro baja de un 107 al 104%. En lado opuesto tenemos a un inteligente disidente fiscal, Irlanda que mejora de 183 a 210 muy por encima de la media. Y a un país valiente que ha sido muy crítico con las políticas de la Unión, al que incluso se le han congelado los fondos comunitarios, Polonia, que tiene una exitosa gestión ascendiendo de 69 a 80 respecto a la media europea entre el 2017 y el 23. Habría que tomar nota.
Es evidente que las absurdas políticas europeas que van en perjuicio de la actividad industrial y del sector primario comienzan a afectar a los países más potentes que también son los más poblados, y dentro de esas naciones el mayor impacto lo sufren las clases medias. Las altas gozan de las subvenciones “sostenibles”. Por lo que es lógico pensar que esto pueda tener algún efecto a la hora de votar.
Sobre los grupos que componen el arco parlamentario y sus fuerzas hay que decir que se da por ¿seguro? que los populares revalidarán su posición como primera fuerza. ¿Qué son los populares? Pues han resultado ser unos intervencionistas, creadores de un normativismo dogmático y de una hiperregulación que como se ve ni tiene fundamento ni es exitosa, todo lo contrario. Parece que la palabra “populares” es algo vacío de contenido. El resultado es que popular, lo que se dice popular, lo era, por ejemplo, Manolo Escobar pero no doña Úrsula.
Al final nos encontramos con dos opciones políticas. La actual, intervencionista y sobre regulada que obedece a agendas colectivizadoras, representada por populares y socialistas. Y aquella otra que defiende la desregulación, la liberalización de mercados y el control de la inmigración irregular representada por esos partidos “eurorealistas” (palabra de Vidal-Quadras) y liberales que van creciendo en distintos miembro de la Unión. Véase Italia, Francia, Portugal, Holanda, Austria, Suecia y España.
Del equilibrio de fuerzas entre las dos posiciones que resulte de las elecciones de junio dependerá que Europa sea capaz de abordar con éxito los grandes retos que se han ido mencionando o que caiga en el estancamiento y la debilidad. Que se recupere como potencia internacional y que cumpla con sus dos objetivos fundamentales; evitar las guerras y mejorar progresivamente el bienestar y la riqueza de sus ciudadanos o que no lo haga.
Sería bueno a la hora de votar en junio en clave europea, no mirarnos mucho el ombligo y ver cómo nos ven los de fuera. De Londres llega un comentario muy gráfico en el sentido de valorar la suerte que tienen de haber salido de la Unión, ya que no han tenido que contribuir a financiar disparatadas cantidades de dinero que se han enviado a destinos desconocidos e incontrolados con el nombre (inglés) de Next Generation.
José Antonio García-Albi Gil de Biedma
