ELLA: “ESTO ES UNA ORDEN MARROQUÍ”
Publicado en El Mundo, el 31 de diciembre de 2023
A Aminatu Haidar, la BBC la ha llegado a llamar en uno de sus artículos la Gandhi del Sahara. Acumula premios por su defensa de los derechos humanos de instituciones como la Fundación Robert F. Kennedy concedido por el Senado de los EEUU, la Fundación Train, el Internacional Jovellanos y hasta el llamado Premio Nobel Alternativo otorgado por un organismo sueco que galardona la capacidad que algunas personas tienen para ofrecer respuesta prácticas y ejemplares a problemas complicados. Fue torturada, pero siempre ha defendido las vías pacíficas.
Hace unos días recibió una carta del delegado del Gobierno de Madrid en la que se le informaba de que «incumple los requisitos» y «no queda más remedio que denegar su solicitud» de residencia por motivos humanitarios. Firmado: Francisco Martín, quien pasará a la historia por haber asegurado que EH-Bildu y ERC «han hecho más por los españoles que todos los patriotas de pulsera» y, ahora, por esto. Se desconoce que hubiera respondido el Gandhi hindú ante tal decisión administrativa. Aminatu Haidar, pendiente de una importante operación de salud y ahora en una situación irregular por la que pueden echarla en cualquier momento, ha recurrido judicialmente y ha constatado que sus circunstancias se han ido volviendo más difíciles a medida que el Gobierno de Sánchez diseñaba una nueva hoja de ruta con Marruecos relativa al Sahara que es contraria a las decisiones de Naciones Unidas.
«Esto es una orden marroquí», asegura Aminatu Haidar a Crónica. «Es una traición. El Gobierno de España actual cree que sus intereses particulares están por encima de los Derechos Humanos. Está en otro mundo, dejando tirado al pueblo saharaui», añade. Y en el Gobierno incluye a los socios de Sumar, ex de Podemos, que tanto han rentabilizado para las urnas la causa saharaui. «Lamento mucho que cuando se encuentran en la Moncloa, cambien. El pueblo saharaui no necesita palabras o ayuda humanitaria, lo que necesitamos es que se nos reconozcan nuestros derechos legítimos como pueblo», argumenta.
Y aunque lo haga con una voz y una actitud extremadamente suaves, parece que cuando abre la boca esculpe en piedra sus denuncias.
EL “SOBORNO” DEL EMBAJADOR DE SUMAR
La imagen de Aminatu Haidar recorrió el mundo y se hizo extremadamente conocida en dos ocasiones, y en las dos utilizó como única arma de destrucción una huelga de hambre. La primera vez fue cuando, en los preparativos de la manifestación que había organizado en recuerdo de Mohamed Basir, el primer líder independentista saharaui asesinado por el ejército español en 1970, un policía marroquí le abrió una brecha en la cabeza y la sangre manchó su indumentaria amarilla contrastando con tanta intensidad, que la foto que le sacaron sus compañeros dio la vuelta al mundo.
Su ayuno en la Cárcel Negra de El Aaiun fue un desafío al Gobierno marroquí que ella ganó. La segunda vez fue cuando permaneció 34 días sin comer en el en el aeropuerto de Lanzarote para protestar porque Marruecos le había quitado su pasaporte y le impedía volver al Sahara con la complicidad genuflexa del Gobierno de Rodríguez Zapatero.
Hasta allí se desplazó, según El Independiente, el jefe de gabinete del ministro Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, actual embajador de España ante la ONU y número dos por Madrid de Sumar, para ofrecerle casa en Marbella para ella y sus hijos si deponía su actitud en una oferta que ella tachó de soborno. Ese pulso también lo ganó gracias a la mediación de Francia y de Estados Unidos. A esas alturas llevaba décadas de una lucha que se gestó cuando ella a apenas una adolescente.
Haidar nació en Centre Akk- Mar, una localidad marroquí a centenares de kilómetros del Sahara, donde ella jamás ha vuelto por el cumplimiento de la tradición beduina que dicta que los primogénitos han de ser paridos en el lugar donde reside la abuela. Su primer recuerdo trágico es la desaparición de su padre cuando ella apenas tenía nueve años. Entonces nada se comentó en la familia. «Mi madre era una mujer analfabeta que no se metía en esos asuntos», recuerda en conversación con Crónica, pero, con el tiempo, ella llegó a la conclusión de que se trató de un asesinato. Era noviembre de 1976, un año después de la llamada por los marroquíes marcha verde, que los saharauis llaman con razón la marcha negra con la que fue ocupada por las tropas de Hasan II, con diseño estadounidense, la hasta entonces provincia española. «Mi padre era una persona culta y política, había estado en Mauritania en la época de la ocupación francesa militando en un partido y podía considerarse que era alguien rebelde». Murió al estamparse su coche contra un camión cuando iba desde Tan tan, donde residía la familia hasta Guleimin. Del mismo modo que le había ocurrido «dos meses antes a un amigo y una semana después a otro». «Eso te genera sospechas», dice.
Se pasó años obteniendo como respuesta un «no te metas en esas cosas» cuando preguntaba por los enfrentamientos que se producían en las calles «entre los combatientes saharauis y el ejército marroquí» en El Aaiun. Cuando cumplió los 15 años, dos familiares suyos le confirmaron que el Sahara estaba ocupado y los saharauis divididos. Le revelaron que tenía familiares «en los campamentos», del mismo modo que tiene miembros de la familia que son altos cargos en el Gobierno marroquí. El segundo marido de su abuela, con quien vivía, era militar con el ejército marroquí». Pero ella tomó «otro camino»; que se torció o se volvió más intenso o que le marcó su destino en un viaje familiar a Canarias.
En esos momentos, ya llevaba un tiempo repartiendo pasquines. Era 1987. La familia visitó a unos familiares en Las Palmas y uno de ellos, que vivía durante la mayor parte del tiempo en EEUU, notó que sus inquietudes no eran las del resto. Le preguntó si quería hablar con algún responsable del Frente Polisario y ella lo hizo. Estaban preparando la recepción a la Comisión conjunta de Naciones Unidas que iba a elaborar, por primera vez, un plan de paz para la zona. Cuatro días antes de la llegada de la Comisión, el 21 de noviembre de 1987, a las tres y media de la madrugada, su tío, hermano de su madre, que vivía con ellas y con su abuela y que trabajaba en el Ministerio del Interior marroquí, apareció en casa acompañado por unos policías.
Hamidatu tenía 20 años. «No se atrevieron a ir directamente a por mí como hacen siempre, porque mi familia era conocida. Él no sabía nada. Le convencieron de que sólo iban a hacerme unas preguntas durante unos minutos. Yo sabía que era mentira porque habían detenido a mi amiga Galia Chimi y sabía que había llegado mi turno. Me quitaron la juventud». Ella lo resuelve contando que le hicieron «las peores cosas que se pueda imaginar», pero se ha escrito y ella lo confirma, que le aplicaron descargas eléctricas enganchada por los pezones o que la levantaron de los omoplatos con los tobillos atados a las muñecas o que le tapaban la cara con un paño lleno de orín y de heces hasta que se desmayaba. Durante tres años y siete meses vivió «con los ojos vendados» en lo que había sido un cuartel español abandonado transformado en unos cines, sorprendentemente en el centro de El Aaiun. Nunca se acabó de recuperar físicamente de las torturas. En ocasiones no se podía ni levantar y un par de veces la desahuciaron. Según cuenta, de ahí proceden las secuelas por las que viaja a España para curarse.
De ahí, y de las huelgas de hambre que la han dejado debilitada. Una, la que mantuvo durante 47 días en la Cárcel Negra para que la tuvieran como una «presa política» y no con la acusación de pertenecer a una «banda criminal». En su apoyo hubo siete meses de protestas que se saldaron con su libertad tras una mediación estadounidense y con la devolución del pasaporte que se le había hurtado nueve años antes, cuando con 20 sintió que le habían «robado la juventud».
Pero los marroquíes, al parecer, no estaban dispuestos a que se lo quedara y se lo volvieron a quitar en una maniobra en la que ella denuncia que fue cómplice el Gobierno de Zapatero. «Si un Gobierno se presta a que se me expulse de mi patria sin pasaporte y acepta mi entrada en territorio español sin pasaporte, es que es capaz de hacer de todo».
La denuncia fue presentada por Aminatu Haidar en la comisaría del aeropuerto de Lanzarote y está fechada el 15 de noviembre de 2009. Relata cómo dos días antes, cuando la activista llegaba a El Aaiun acompañada por dos periodistas que querían hacerle un seguimiento tras recibir el premio al Coraje Civil otorgado por la Train Fundation, fue retenida en el aeropuerto e interrogada sin asistencia letrada en dependencias policiales desde las ocho de la mañana del día 13 hasta las tres de la madrugada. Lo mismo ocurrió al día siguiente, cuando los agentes la escoltaron para que tomase otro vuelo hacia Lanzarote sin su pasaporte.
LA AMISTAD DE LOS ESPAÑOLES
Se relata cómo el comandante de la nave se resiste a aceptarla en su vuelo de ese modo, sin documentación y contra su voluntad; cómo los policías marroquíes le dicen que el ministerio de Asuntos Exteriores español está de acuerdo y cómo acepta tras realizar y recibir varias llamadas. Una vez en el aeropuerto canario, seis policías y guardias civiles, intentaron cumplir las órdenes que les habían llegado desde Madrid para evacuarla de las instalaciones, pero cejaron en su empeño al darse cuenta de que había sido operada de la columna. La estancia de 34 días de Aminatu Haidar en La Laguna en huelga de hambre, fue una revolución. Hasta recibió el apoyo de cineastas reputados como Pedro Almodóvar o la familia Bardem. Una treintena de artistas organizaron un concierto. También, Wily Toledo.
En aquel momento Aminatu llevaba tres años con la residencia concedida por motivos humanitarios lo cual le permitía trasladarse cada vez para operarse. Eligió España después de que se lo recomendaran unos amigos sevillanos porque «los saharauis tenemos un cariño especial por los españoles como ciudadanos. Siempre hemos recibido mucha solidaridad por su parte».
Ahora llevaba 16 años con permiso de residencia. Acaba de hacerse una operación por la que ha necesitado permanecer siete meses en rehabilitación y estaba pendiente de otra. «Allí no hay un sistema sanitario bueno y a nosotros nos tratan fatal. No fue hasta llegar aquí cuando me di cuenta de que, de una caída que tuve, tenía dos fracturas y el ligamento roto y me lo habían ocultado», describe.
Días antes de que se conociera la no renovación había participado en un festival de cine Saharaui en el que se había criticado duramente al Gobierno por su cambio de postura respecto al Sáhara. Ha notado que desde entonces, desde 2021, desde el encontronazo del caso Ghali en el que Sánchez acabó perdiendo frente a Marruecos, las cosas no sólo se han puesto difíciles para ella sino para el resto de los saharauis a los que no se les concede ni residencias ni visados; y niega no tener sus papeles en orden como ha afirmado el delegado del Gobierno que nada dijo en contra cuando ella trasladó hace un año su expediente desde Andalucía hasta Madrid, donde ahora está. Esta vez los famosos que la respaldaron en 2009 no han hecho ruido por el momento, aunque Aminatu asegura que ha recibido apoyo (no especifica de quién) y no quiere revelar futuros planes con los que sus seguidores pudieran protestar por la decisión del Gobierno.
«Yo no tengo domicilio, estoy volando de un país a otro explicando la causa saharaui», dice a Crónica. Explicando «la tortura, discriminación, marginación y pobreza a las que Marruecos está condenando a los saharauis, en un territorio aislado, sin ni siquiera dejar que testigos internacionales, como eurodiputados o representantes de Amnistía o de Human Right Watch, puedan entrar». Y si no le queda más remedio que hacerlo desde Suiza o Suecia, dice, seguirá haciéndolo. Claro, que sería la cuarta traición de España. ¿O sería la quinta?
