Los eurófobos pugnarán por imponer una Europa pequeña, cerrada y regresiva para los próximos cinco años. No lo permitamos
Por JOSÉ IGNACIO TORREBLANCA, publicado en El Mundo, el 1 de enero de 2024
Al filo de 2024 se nos ha ido Jacques Delors, miembro de aquella generación que refundó una Unión Europea anquilosada, sin proyecto colectivo ni fe en sí misma, para impulsarla hacia un futuro de éxito económico y político. A Delors, que presidió la Comisión Europea entre 1985 y 1995, diez años clave, le debemos una Europa que se completó hacia dentro, con el mercado interior y la unión económica y monetaria, y hacia fuera, pues no solo vio la reunificación alemana y la ampliación nórdica, sino que sentó las bases y condiciones para acoger a los hermanos europeos que habían quedado al otro lado del telón de acero.
Tuve la fortuna de presenciar la parte final de la Comisión Delors desde un modesto puesto de investigador doctoral en la Comisión Europea adscrito a la Célula de Prospectiva dirigida por Jérôme Vignon, que generosamente me acogió gracias a la mediación de mi admirado profesor José Antonio Herce y la igualmente generosa financiación del Centro de Estudios Avanzados en Ciencias Sociales (CEACS) del Instituto Juan March de Estudios e Investigaciones. Buceando en aquel 1994 bruseliense en los archivos y documentos de la Dirección General de Relaciones Exteriores, tropecé en numerosas ocasiones con las cartas e iniciativas de un Delors que empujaba a las capitales a estar a la altura del momento europeo, definido por el fin de la Guerra Fría y la unificación alemana. Harto de las miserias de muchos gobiernos que unos días racaneaban a los pueblos liberados de Europa Central y Oriental unas toneladas de exportaciones de acero o carne y otros la misma oportunidad de cumplir su sueño europeo, encontré un discurso que Delors que utilicé como inspirador de mi tesis doctoral. En él Delors hablaba de las incoherencias entre los «discursos de los domingos» y «las acciones de los lunes».
Y ahí seguimos, intentando conciliar todo lo que decimos sobre la descarbonización, la soberanía digital, la innovación y la ampliación a Ucrania con unas acciones, las de los lunes, que no siempre apuntan en la misma dirección. Pero también con unas elecciones europeas, a celebrar los 6-9 de junio de 2024, en las que los soberanistas euroescépticos, cuando no directamente eurófobos, pugnarán por imponer su agenda, una Europa pequeña, cerrada y regresiva, para los próximos cinco años. No lo permitamos.
