Los actuales líderes de Israel y Palestina no tienen la voluntad, la fuerza ni la visión de Rabin y Arafat
JOSE MARÍA ROBLES | MADRID, publicado en El Mundo el 5 de noviembre de 2023
Fue el coordinador diplomático de la Conferencia de Paz de Madrid (1991) y antes, durante y después mantuvo un contacto estrecho con líderes históricos de Israel y Palestina como Isaac Rabin, Yasir Arafat o Simon Peres. Además, a lo largo de su carrera como embajador y director del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) visitó la región en numerosas ocasiones. «Aunque en la Franja de Gaza no he estado nunca», puntualiza por teléfono Jorge Dezcallar.
Del encuentro que sentó en la misma mesa a hebreos y árabes de varios países bajo los auspicios de Estados Unidos y la Unión Soviética conserva un recuerdo vívido. «Es el mayor éxito diplomático que tuvo España en mucho tiempo«, asegura el experto en política exterior. Y eso que la logística de aquella cita que tuvo como escenario al Palacio Real se organizó en tiempo récord: 12 días. Fracasada recientemente la Cumbre de El Cairo a la hora de acercar posturas en Oriente Próximo, la invocación de Madrid -y su importancia clave en los posteriores Acuerdos de Oslo- tiene un indudable poso nostálgico.
Retirado pero activísimo ya sea en calidad de analista de la situación internacional o de escritor de ficción, como demuestran el ensayo Abrazar el mundo y la novela Operación falsa bandera. Del Kremlin a Tinduf (2022 y 2023, ambos en La Esfera de los Libros), Dezcallar (Palma de Mallorca, 77 años) ofrece su visión de la guerra entre Israel y Hamas.
P. ¿Qué composición de lugar se hace de lo que está ocurriendo?
R. Lo que está pasando se debe al olvido del problema palestino. Los palestinos están muy preocupados porque ven que el tiempo pasa y que su problema nadie lo arregla. En las cinco últimas elecciones celebradas en Israel la ocupación de tierras ni siquiera se ha planteado en los debates de la campaña. Han visto cómo en virtud del Acuerdo de Abraham, firmado durante el mandato de Donald Trump, países como Marruecos han normalizado sus relaciones con Israel. Y ese acuerdo fue muy grave, porque rompió el derecho de veto de los palestinos sobre las relaciones entre Israel y los países árabes. Hoy esos países establecen relaciones y se olvidan de los palestinos, no les preguntan nada ni les ofrecen ninguna ayuda. Cuando han visto que no sólo ese acuerdo ha prosperado, sino que Estados Unidos se empeñaba en acercar a Israel y Arabia Saudí -que es el gran país árabe en este contexto, cuyo soberano tiene el título oficial de custodio de las dos mezquitas y oficia como gran líder del mundo suní: el 80% de la población musulmana-, han dicho basta. Han pensado: tenemos que llamar la atención porque el mundo ahora está preocupado por Ucrania, pero nadie habla de nosotros.
P. ¿El ataque del 7 de octubre fue entonces eso, una llamada de atención?
R. Esencialmente, sí. Lo que ha hecho Hamás es una barbaridad. Ha sido explotar de la forma más violenta, más radical y más inhumana posible. Terrorismo puro. La incursión provocó más muertos en Israel que las guerras de 1956 y 1967 juntas. Hamas contaba con la reacción de Israel, y no solo contaba con ella, sino que la deseaba. Deseaba que fuera muy dura. Israel en este momento está en shock, pero sediento de venganza. Y las declaraciones de los líderes israelíes de ‘vamos a dejar Gaza como un aparcamiento’… En fin, sabían que se iban a dar y pensaban que a medida que las imágenes de destrucción, de niños con hambre y de hospitales sin luz llegasen a Occidente, se va a producir una reacción antiisraelí exigiendo proporcionalidad, como ha sido la del secretario general de la OTAN, por ejemplo. En definitiva, ¿cuáles son los objetivos de Hamas? Llamar la atención sobre la causa palestina, poner contra las cuerdas a Israel como un Estado que viola las resoluciones de Naciones Unidas e intentar que con lo mal que lo están pasando en Gaza se despierte la solidaridad de los palestinos de Jerusalén o de Cisjordania. Es decir, Hamas ha hecho algo absolutamente terrible, que no es justificable pero sí explicable desde su punto de vista.
P. La incursión dejó en evidencia la eficacia de los servicios de Inteligencia israelíes. Se trató de un ataque sin precedentes, coordinado y llevado a cabo por sorpresa en varios puntos del país. ¿Cómo es posible que el Mossad no viera venir el ataque?
R. No estoy seguro de que fuera un fracaso del Mossad. Esta operación tuvo que prepararse durante meses con miles de personas implicadas: la gente de Gaza que se dedicó a estudiar y neutralizar la vigilancia del muro, los que entrenaron a los que iban en los parapentes, los que manejaron las lanchas neumáticas, los que lanzaron los cohetes… Todo esto no puede pasar desapercibido. Hubo un exceso de confianza. Posiblemente no le dieron a la información la importancia debida, o a lo mejor los políticos no hicieron caso de esa información. Los israelíes son servicios de Inteligencia muy competentes y estoy convencido de que tuvieron que informar sobre esto. Habrá una comisión de investigación y se averiguará lo que ha pasado. En 1973 pasó lo mismo, sólo que en relación a la guerra con Siria y con Egipto. Entonces también pillaron a los israelíes desprevenidos. Se creó una comisión de investigación y se llegó a la conclusión de que se habían producido fallos masivos, y eso forzó la dimisión de Golda Meir. Estoy seguro de que aquí van a llegar a la conclusión de que ha habido fallos masivos. ¿Dónde? No lo sé. Me cuesta creer que el Mossad y el Shin Bet no se enteraran de nada cuando media Gaza estaba al tanto.
P. ¿En qué falló Israel, al margen de lo relacionado con la Inteligencia?
R. Creo que el ejército confiaba en que la valla y el muro, que habían sido reforzados con zanjas en 2021, eran suficientes. También me da la impresión de que el ejército en este momento estaba más volcado en la protección de los colonos de Cisjordania. El gobierno israelí estaba promoviendo el crecimiento de los asentamientos, apoyando a los colonos más radicales y hablando incluso de ocupar más territorios palestinos. Los conflictos entre colonos y residentes palestinos de Cisjordania eran cada vez más frecuentes y la atención del ejército estaba más centrada últimamente en proteger las colonias. Ha habido otro factor adicional: la polarización de la sociedad israelí a consecuencia del intento de Netanyahu de poner al Tribunal Supremo a disposición del Gobierno para protegerse a sí mismo y esquivar las acusaciones de corrupción que pesan sobre él. ¿Qué ha pasado? Que había gente en el ejército, sobre todo reservistas, que se planteaban la legitimidad de obedecer a un gobierno sin control de las instituciones. Existía esa división en la sociedad israelí y la atención preferente a la protección de los colonos de Cisjordania. Y el mencionado exceso de confianza: somos más fuertes y los gazatíes no se van a atrever hacer nada, porque cuando lo hicieron en 2014 les dimos una paliza.
P. ¿Quién gana y quién pierde con la escalada del conflicto?
R. Perdemos absolutamente todo el mundo. Para nosotros el ataque de Hamas es terrorismo. Pero para los países del sur global, empezando por Rusia y China, es consecuencia del doble rasero y de la hipocresía de Occidente, que dice que Rusia no puede ocupar tierras ucranianas y sin embargo calla ante la ocupación de tierras palestinas por parte de Israel, que se fuma un puro con todas las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU desde 1948. Los rusos están encantados, porque armas que iban a Ucrania a lo mejor acaban ahora en Israel, como los cohetes Patriot. Pero tiene consecuencias para todo el mundo, teniendo en cuenta la inseguridad y el riesgo de extensión del conflicto.
P. ¿La ejecución del ataque de Hamas contra población civil israelí y la posterior difusión de sus consecuencias en redes sociales hubiera sido posible sin la influencia del aparato de propaganda del Daesh? ¿Han copiado sus tácticas?
R. Estoy seguro de que han aprendido de ellos, sí. El Estado Islámico utilizó unas técnicas propagandísticas muy avanzadas, incluso utilizando la estética de videojuegos de moda en Occidente. Le dieron mucha importancia a la propaganda y a la imagen que proyectaban, al terror que causaban incluso sus ejecuciones públicas. Fue una irrupción muy espectacular.
P. Madrid acogió en 1991 la conferencia para impulsar la paz en Oriente Próximo, en la que participaron Israel y varios países árabes. La diplomacia española ha mantenido tradicionalmente canales abiertos tanto con Tel Aviv como con Ramala. ¿Qué papel podría jugar España en la desescalada del conflicto, teniendo en cuenta que ocupa la presidencia de turno del Consejo de la UE?
R. España jugó un papel cuando pudo jugarlo, cuando se lo pidieron y cuando existía el ambiente propicio para intentar aproximar a las partes. En este momento no creo que haya un papel para nosotros en Oriente Próximo. Puede haber un papel para Estados Unidos, que es el que tiene influencia en Israel, o podría haber un papel para la Unión Europea si todos los europeos estuviéramos unidos en este asunto. Pero en relación a este conflicto Europa siempre ha mostrado sensibilidades diferentes. Países como países Bajos o Alemania son desde siempre más afines a Israel; y países como Grecia, más afines a los palestinos. Europa no tiene una política exterior común. La Declaración de Venecia sobre Oriente Próximo es de 1980… Europa podría jugar un papel de la mano de EEUU, pero Washington mantiene una posición muy alineada con Israel, como acaban de poner de manifiesto las dos visitas del secretario de Estado Blinken y la del propio presidente Biden. EEUU, para tener un papel más importante, debería apoyar de una forma más crítica a Israel: un amigo le debe decir al otro lo que hace bien, pero también lo que hace mal.
P. ¿Cómo recuerda la labor de coordinación de la Conferencia de Madrid?
R. Fue el éxito diplomático más grande que ha tenido España en mucho tiempo. Ser capaces de reunir en Madrid en un plazo de 12 días… Es verdad que todo llegaba muy encarrilado por los americanos cuando James Baker [secretario de Estado] llamó a Fernández Ordóñez [ministro de Exteriores]… Fueron días de locura para poder recibir a la delegación americana, que estaba formada por 800 personas. Había que conseguir máquinas de escribir con caracteres hebreos y con caracteres árabes. Había que habilitar un lugar para tropecientos periodistas y no sé cuantas cadenas de televisión. Todos los problemas de seguridad, de alojamiento, de celebración de reuniones… Fue una locura, pero acabó siendo un éxito enorme y así lo celebramos los españoles. De Madrid, además, salieron dos vías muy importantes: una vía bilateral entre Israel y cada uno de los países árabes con los palestinos, que luego dio lugar a los Acuerdos de Oslo. Y una vía multilateral donde se hablaba de los problemas comunes como el agua, que dio lugar al Proceso de Barcelona. Haber participado no sólo fue un honor, sino una experiencia profesional fascinante.
P. ¿Qué anécdota recuerda desde la trastienda?
R. Recuerdo que cada noche poníamos un avión a disposición de los palestinos para que pudieran ir a Túnez discretamente a consultar con Arafat. Que los americanos le retorcían el brazo a los sirios y a los israelíes para que no bloquearan la conferencia. Que nos dijeron que había un avión que se dirigía hacia el Palacio Real para hacerlo volar por los aires… Pasó de todo aquellos días.
P. Los líderes entonces eran Isaac Shamir y Yasir Arafat. ¿Con los líderes actuales es posible alcanzar un mínimo entendimiento, o habrá que esperar a una nueva generación?
R. Aquellos tiempos quedan muy lejos. Los palestinos tenían un líder como Arafat, que también es verdad que se arrugó en el último momento y no quiso firmar porque pensó que si hacía concesiones, por ejemplo, en relación Jerusalén, podían pegarle un tiro… como le pasó luego a Rabin. La intransigencia palestina ha segado la hierba bajo los pies de la izquierda israelí, que era partidaria de solución de los dos Estados y de un entendimiento con los palestinos. Hamas ha llevado al gobierno de Israel primero a un partido muy conservador, poco partidario de devolver tierras a los palestinos y después a un gobierno ultraderechista, ultranacionalista y ultrarreligioso. ¡Claro que se echa de menos a los líderes de entonces! Los de ahora, desgraciadamente, ni tienen la voluntad, ni la fuerza, ni la visión de aquellos. Mahmud Abás, el presidente palestino, tiene 85 años y a un 70% de la población partidaria de su dimisión.
P. Vimos algunos de los edificios y monumentos más emblemáticos de Europa iluminados con los colores de la bandera israelí. ¿Qué grado de adhesión puede perder a nivel popular la causa palestina tras los recientes episodios de matanzas, violaciones y secuestros?
R. La mayoría de la gente civilizada está horrorizada con la violencia ciega, con las masacres, con el terrorismo, con los niños asesinados, con las mujeres violadas… A lo que juega ahora Hamas es a prolongar el conflicto, a que el sufrimiento en las cámaras de televisión sea el de los niños de la Franja de Gaza, a poner parte de la opinión pública en contra de Israel. Cuanto peor esté la situación en Gaza, mejor para Hamas.
P. La UE y EEUU consideran a Hamas como una organización terrorista. En Reino Unido, sin embargo, generó polémica semanas atrás el hecho de que la BBC no calificase como terroristas a los autores de la masacre de civil en territorio israelí. Argumenta la radiotelevisión pública británica que eso implicaba tomar partido por uno de los bandos y comprometer su imparcialidad. ¿Cómo ve este debate semántico?
R. No se puede hilar tan fino. Cuando uno se encuentra con la brutalidad con la que nos hemos encontrado… La equidistancia no la entiendo. Una cosa es que ahora pidamos proporcionalidad en la reacción israelí y otra que no consideremos que lo que ha ocurrido es puro terrorismo. Lo que pasa es que también es cierto que Hamas no es sólo una organización que recurre al terror, sino que además gestiona hospitales, escuelas, mezquitas y se ocupa de dar comer a gente que no tiene medios. Es decir, que también es una organización social. El 80% de los dos millones de gazatíes vive de la caridad pública, el 50% está desempleado, sólo el 10% tiene acceso a agua potable… Pero vamos, tener un brazo armado y otro social no obsta para que lo que pasó el 7 de octubre sea calificado como terrorismo puro y duro. Si la BBC piensa otra cosa tendrá sus razones, pero yo no las comparto.
P. ¿A dónde conduce el bucle infinito del ojo por ojo?
R. A que la gente humilde y pobre de Gaza sufra a consecuencia de respuesta de Israel. Privar de agua y comida a la población civil es algo que no se debe hacer. Entiendo la irritación de un país en shock, entiendo que tengan en cuenta que Hamás tiene rehenes y que tienen que responder con fuerza a lo que ha pasado. Pero hay que hacerlo dentro de ciertos límites y procurando distinguir entre Hamás y la población que sufre las consecuencias sin tener ni voz ni voto en lo que ha ocurrido. ¿A dónde lleva esto? A un desastre humanitario que hay que evitar por todos los medios. En este momento hay que decirle a Israel que tiene todo el derecho a defenderse, tiene todo el derecho a estar indignado, tiene derecho a intentar recuperar a sus rehenes… Naturalmente que sí, pero debe hacerlo de forma civilizada.
