Argelia lucha por mantener su liderazgo tanto en el Magreb como en África afrontando nuevas dinámicas en la región. Con el Sáhara Occidental, que considera un claro caso de descolonización, como catalizador de crisis para el gobierno de Argel.
Publicado en Política Exterior el 4 de febrero de 2025
Argelia es la principal potencia energética, militar y demográfica del Magreb y un socio estratégico para España. En 2019, el movimiento popular, Hirak, provocó la dimisión del presidente Abdelaziz Buteflika, tras dos décadas en el poder, y abrió paso a una nueva etapa política. La transición del nuevo presidente argelino, Abdelmadjid Tebboune, se centra en responder a las proclamas del Hirak y devolver a Argelia a la escena internacional y africana, tras varios años de absentismo. La vuelta de Argelia se tropieza con la readmisión de Marruecos en la Unión Africana (UA), los Acuerdos de Abraham y una crisis con España y otros países generada por un cambio histórico en torno al Sáhara Occidental: el apoyo al plan de autonomía marroquí, rival histórico de Argel. Comienza así un nuevo contexto geopolítico en el Magreb y África, marcado por la fragmentación y el rearme militar.
La era Buteflika (1999-2019)
Durante dos décadas, desde 1999 hasta 2019, Argelia estuvo dirigida por el poderoso presidente Buteflika. Desde el punto de vista internacional logró posicionar fuertemente al país en el continente africano en las relaciones de vecindad con Europa, en su feroz lucha por la autodeterminación del pueblo saharaui y en su defensa de la causa palestina. Miembro del movimiento de países no alineados, Argel supo mantener equilibrios a nivel internacional, con posturas pragmáticas, en ocasiones de estilo sovietizado.
Buteflika supo mantener un equilibrio con el ejército, sellando un pacto con los militares para la explotación de sus recursos naturales. Argelia está entre las diez potencias mundiales de gas natural y entre las veinte en petróleo. Las rentas del gas y petróleo lograron mantener la paz social. Sin embargo, los últimos seis años de su mandato estuvieron marcados por su desaparición de la esfera pública debido a una enfermedad cerebrovascular provocada por un ictus. Su última aparición pública fue en 2013, lo que no le impidió ganar las elecciones del año siguiente, 2014, sin hacer ningún acto de campaña.
A partir de este momento, el país quedó sumido en una gran incertidumbre, marcada por la ausencia absoluta del presidente de la República, internado en un hospital en Suiza, y un descontento popular por las altas tasas de desempleo. Mientras, la población argelina seguía de cerca las revueltas de las primaveras árabes y sus consecuencias en la vecindad tunecina, libia y egipcia. La falta de información sobre el presidente y la opacidad del régimen no sólo puso en stand by el funcionamiento del país, sino que debilitó irreversiblemente el fuerte posicionamiento de Argelia en la región, pese a los esfuerzos del ministro de Asuntos Exteriores, Ramtane Lamamra.
En 2019 se anuncia la candidatura de Buteflika para gobernar por un quinto mandato, algo que la sociedad argelina no aceptó, dando comienzo a una ola de protestas lideradas por organizaciones estudiantiles, que le obligó a retirarse de la política, y trajo el fin del “Buteflikismo”.
Este Hirak, o movimiento popular, encarnó los principios de cambio de la primavera árabe. Sin embargo, y a diferencia de lo ocurrido en países vecinos como Túnez, Libia o Egipto, o recientemente en Siria, la transición fue pacífica. Buteflika no fue asesinado como Muamar el Gadafi; ni fue encarcelado como es el caso de Hosni Mubarak; ni tampoco fue obligado a exiliarse como ocurrió con Zine El Abidine Ben Ali y con Bashar al Assad. Murió en 2021 dejando atrás un reconocido legado para su país en el ámbito nacional e internacional.
El continuismo de Tebboune
La transición es liderada por el presidente Abdelmajid Tebboune, un histórico tecnócrata del Frente de Liberación Nacional, del mismo color político que su predecesor, que busca acomodar la paz social y las reivindicaciones del Hirak, bajo la lupa del ejército. En diciembre de 2019 gana las elecciones prometiendo una mesa de diálogo con todas las fuerzas, incluido el Hirak, y una reforma constitucional que aprueba por una escasa participación (un poco más del 20%). Con esta reforma, da por cerradas las peticiones de las protestas sociales. Sin embargo, las consecuencias económicas y sociales de la pandemia aceleran el agotamiento del tradicional modelo de paz social subvencionada de las rentas del gas y petróleo. El COVID-19 obliga a paralizar durante un tiempo las protestas sociales pacíficas del Hirak.
«El absentismo internacional de Argelia fue bien aprovechado por Marruecos para posicionarse en la UA y en el Sáhara Occidental»
Al igual que su predecesor, desaparece de la esfera política a finales de 2020 y en 2021, por motivos de salud, generando incertidumbre entre la población y dando freno a su impulso reformador. A su vuelta, reanuda las reformas que incluye indultos a presos del Hirak. En septiembre de 2024 se presenta a su segundo mandato siendo reelegido con más del 84% de los votos, pero con muy baja participación (25%). A día de hoy, Hirak sigue denunciando el endurecimiento de las represalias a sus simpatizantes y una campaña de opresión.
En el ámbito internacional lucha por revertir a su favor la situación regional y devolver a Argelia al mapa internacional. Sin embargo, las dinámicas regionales son un reto para esta ambición. Los años de absentismo de Argelia en la escena internacional fueron bien aprovechados por Marruecos, posicionándose estratégicamente en dos áreas de gran interés para Argelia: la Unión Africana y la soberanía del Sáhara Occidental.
Marruecos da un giro copernicano en su política exterior reintegrándose en la Unión Africana en 2017, tras 32 años fuera de la misma. En 1984 el rey Hassan II, uno de los fundadores de la entonces llamada Organización para la Unidad Africana (OUA), suspende la membresía de Rabat debido a la admisión de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), dirigida por el Frente Polisario. La readmisión de Rabat en Addis Abeba es lo que Marruecos llama la “vuelta a la familia institucional africana”. ¿Cuáles han sido las consecuencias de su vuelta y cómo afectan a Argelia?
Se presentan dos consecuencias con grandes repercusiones para Argelia: la lucha de poder entre Argelia y Marruecos en África, y la agresiva estrategia tous azimuts marroquí de suspender a la RASD en la UA.
La Unión Africana
En cuanto a la lucha de poder, en las últimas dos décadas, Argelia se ha consolidado como un actor clave en la UA, liderando asuntos de seguridad y paz en el continente. Por un lado, Argel se ha asegurado puestos clave en el seno de la UA, asumiendo el rol de comisario de paz y seguridad en varias ocasiones, el segundo puesto en importancia después de la presidencia de la Comisión de la Unión Africana. Desde 2003 se han sucedido diplomáticos argelinos de alto rango en este puesto: Said Djennit entre 2003 y 2007, Ramtane Lamamra entre 2007 y 2013 ( justo antes de ser nombrado ministro de Exteriores), e Ismael Chergui de 2013 a 2021. Para Argelia, asumir puestos clave en la Unión Africana es una política de Estado.
Por otro lado, Argel ha liderado iniciativas de paz relevantes en el continente como mediador en el Sahel, con el Acuerdo de Argel de 2015, entre la República de Malí y la Coordinación de los Movimientos de Azawad (CMA). Sin embargo, la llegada de Marruecos divide al bloque magrebí en la UA, e intenta debilitar el tradicional liderazgo de Argelia, más allá de sus posturas antagónicas en torno a la cuestión del Sáhara Occidental. Este debilitamiento y división del Magreb quedaron claros, entre otros casos, cuando a finales de 2023, Rabat y Argel se postularon a presidir la Unión Africana. Debido a las diferencias entre los dos países, y a pesar de que la presidencia le correspondía a un país norteafricano, el elegido fue Mauritania para desbloquear la crisis.
Otro intento de Marruecos de contrarrestar la influencia de Argel en el Sahel es la Iniciativa Atlántica. Presentada por Mohamed VI en 2023, Marruecos ofrece una salida al Océano Atlántico a Malí, Chad, Níger y Burkina Faso con una red de carreteras de más de 7.000 kilómetros. Con esta iniciativa, Marruecos busca un nicho de influencia en una región tremendamente complicada, fronteriza con Argelia y a las puertas de Europa. Tanto Malí, Chad, Níger como Burkina Faso siguen estando suspendidos de la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (CEDEAO) por los cambios inconstitucionales de las juntas mediante de golpes de Estado. África occidental y el Sahel se fragmentan, y Marruecos busca su lugar aspirando a formar parte de la CEDEAO, mientras negocia bilateralmente con las juntas golpistas. El año 2025 será importante para seguir de cerca estas nuevas dinámicas, dado que el Sahel sigue siendo la principal amenaza a la vecindad sur de Europa.
Argelia, por su parte, busca aislar a Marruecos en el dossier de Libia, lanzando una iniciativa tripartita de cooperación económica, de seguridad y fronteras junto a Libia y Túnez, excluyendo expresamente a Rabat (abril 2024). La vuelta de Marruecos a la familia africana no sólo fragmenta al Magreb, sino que intenta debilitar a Argelia en el continente. Teniendo en cuenta los intereses que están en juego, y las amenazas que presenta el Sahel tanto para África como para Europa, resulta preocupante e incluso peligroso para todos que entre Argelia y Marruecos reine la competitividad en vez de la cooperación.
Sáhara Occidental: catalizador de crisis
El Sáhara Occidental ocupa un lugar primordial en la política exterior de Argelia, siendo el principal defensor del Frente Polisario y su lucha por la autodeterminación del pueblo saharaui. Se trata de una política de Estado que considera el Sáhara Occidental como un claro caso de descolonización. Para el régimen marroquí, el Sáhara Occidental es parte integral de su territorio, una postura que rechazan tajantemente el Frente Polisario y Argelia.
Este es el principal asunto que enfrenta Argel y Rabat desde hace décadas. La readmisión de Marruecos en la UA eleva aún más estas diferencias y provoca una gran división dentro de la organización en torno a esta cuestión. El Sáhara Occidental se convierte en uno de los asuntos más espinosos e incómodos que provoca la fatiga de las instituciones africanas.
Esta situación se recrudece cuando el Frente Polisario decreta el estado de guerra a Marruecos a finales de 2020, poniendo fin al alto el fuego acordado en 1991. Se elevan las hostilidades sobre el terreno, generando inquietud por un posible conflicto armado.
Mientras Argelia dedica grandes esfuerzos diplomáticos para revitalizar y canalizar el asunto del Sáhara en el seno de la UA, Marruecos utiliza su presencia en la organización con una estrategia clara para suspender a la RASD de la misma. Resulta contradictorio que, pese a haber solicitado su readmisión sin reservas al Acta Constitutiva de la UA, que incluye a la RASD como miembro de pleno derecho, Marruecos no sólo no reconoce a la entidad saharaui, sino que centra su reintegración a la familia africana para suspenderla, condicionando sus relaciones bilaterales con países de la entidad en torno a su postura en el Sáhara Occidental.
Marruecos da un paso más solicitando no sólo la suspensión, sino la expulsión de la RASD de la UA, tras la Cumbre de Tánger de 2022 que reunió a una quincena de ex primeros ministros africanos que firman un libro blanco con esta misiva. En paralelo, Rabat se sumerge en una feroz campaña diplomática que consigue atraer a una treintena de países africanos y árabes que abren consulados en el Sáhara Occidental.
Para Marruecos, el Sáhara se convierte en una cuestión de “conmigo, o contra mí”. Una estrategia tous azimout que genera desgaste y cansancio de la institución en torno a este tema y un auténtico quebradero de cabeza para Argelia.
Acuerdos de Abraham
La defensa de la causa palestina y de la autodeterminación del pueblo saharaui son dos pilares centrales de la política exterior argelina. Desde su independencia de Francia (1962), Argelia ha mantenido posturas muy firmes en la escena internacional en favor de la descolonización de los pueblos, y en particular, de estos dos asuntos.
Los Acuerdos de Abraham, por los que un grupo de países árabes normalizan relaciones con Israel –entre ellos Marruecos, que a cambio recibe el reconocimiento de su soberanía sobre el Sáhara Occidental por parte de Estados Unidos– son un fuerte e inesperado revés para Argelia. El cambio de postura americana en torno al Sáhara, y la de varios países árabes en sus relaciones con Israel, alterarán por completo los equilibrios de poder en el Magreb, en detrimento de Argelia. Estos acuerdos, gestados por la primera administración Trump, escenifican un fuerte movimiento tectónico en la región.
Los Acuerdos de Abraham constituyen para Argel el fin de la ecuación “Paz por Territorios”, defendida en la Iniciativa de Paz Árabe, por la que el conjunto de países árabes acuerda reconocer a Israel a cambio de que ésta devuelva los territorios ocupados en 1967: Jerusalén Este, los asentamientos ilegales en Cisjordania, los altos del Golán sirios y las Granjas de Shebaa en Líbano. Estos acuerdos rompen además con otro principio fundamental de esta iniciativa, recogido en varias resoluciones de Naciones Unidas, que es el referente a Jerusalén Este como capital del futuro Estado palestino. La iniciativa del presidente Trump declaró Jerusalén, Este y Oeste, como única capital de Israel, trasladando su embajada de Tel Aviv a Jerusalén, movimiento que rechaza Argelia.
En el quinto año desde que se firmaron estos acuerdos, el trágico balance de la guerra en Gaza y la vuelta del presidente Trump a la Casa Blanca no auguran avances en el relanzamiento de las negociaciones de paz para la creación de un Estado palestino que defiende Argel.
Es significativo recordar que la primera vez que la Asamblea General de la ONU invitó a Yasser Arafat a pronunciar un discurso en Nueva York, fue de la mano de Buteflika en 1974. Pese a la mucha presión de Israel y Estados Unidos de boicotear la participación del líder de la OLP en la ONU, la agilidad de Buteflika logró convencer a la comunidad internacional de la participación histórica de Arafat en los debates de Naciones Unidas, que abrió la puerta a múltiples resoluciones en favor de Palestina hasta el día de hoy. Fue Buteflika quien, desde la presidencia de la Asamblea General, dio la palabra a Arafat, en un gesto muy simbólico y aclamado por los países árabes, fungiendo en aquel entonces como ministro de Asuntos Exteriores.
¿Qué consecuencias inmediatas tienen los Acuerdos de Abraham para Argelia?
Ruptura de relaciones
Si las relaciones entre Argelia y Marruecos venían siendo tradicionalmente tensas, los Acuerdos de Abraham acentúan aún más estas diferencias a unos niveles nunca vistos. Con un ambiente caldeado, tras la normalización se suceden las tensiones que culminan en la ruptura de relaciones diplomáticas en 2021, a iniciativa de Argel.
La normalización de relaciones con Israel es vista por Argel como un acto de traición a la causa palestina y una amenaza para la seguridad nacional del país y la región. Desde el anuncio de la normalización, el gobierno argelino denuncia la presencia de Israel en su vecindario. A estas declaraciones se suman las de otros líderes de la vecindad en Túnez y Libia.
En agosto de 2021, el ministro de Exteriores israelí, Yair Lapid, carga fuertemente contra Argel desde suelo marroquí, por sus esfuerzos en impedir la participación de Israel en la UA como Estado observador, junto con Sudáfrica y otros países. Se acrecientan de esta forma las tensiones que condenan estas declaraciones como un acto de traición a la unidad magrebí, al permitir Marruecos que un líder israelí se pronuncie así desde Rabat.
Las tensiones llegan a su punto más álgido con la acusación de Argelia de actos de espionaje mediante el sistema Pegasus, desmentidas por Marruecos, y las declaraciones del embajador de Marruecos en la ONU al sugerir el reconocimiento del derecho de autodeterminación al movimiento de la Kabiliya, que Argel considera grupo terrorista. Se rompen las relaciones diplomáticas, su embajador en Rabat vuelve a Argel, se detiene el flujo del gasoducto que une Argelia con España a través de Marruecos (gasoducto Magreb-Europa), y se prohíbe el paso de aeronaves marroquíes en su espacio aéreo.
La región entra en una situación de mucha fragilidad que, según algunos expertos, podría abocar a un conflicto armado, y en la que la administración Biden juega un papel clave calmando las tensiones. Habrá que esperar a la nueva administración de Trump para ver si se mantiene esta postura.
Lamentablemente, la rivalidad entre los dos países magrebíes se extrapola a las poblaciones, con un sentimiento de enfrentamiento e incluso odio, que se traslada a ámbitos como el fútbol y a las peligrosas campañas de desinformación en ambos lados.
El aumento del gasto militar
El acercamiento de Rabat con Tel Aviv tiene una derivada de seguridad que preocupa mucho a Argel en lo que respecta a su defensa nacional. Argelia es el país que más invierte en defensa de todo el continente africano, seguido por Marruecos. El hecho de que éste firme acuerdos en materia de seguridad y defensa con Israel, líder de Oriente Medio en este sector, es de gran incomodidad para el régimen argelino.
Tras el anuncio de la normalización, el primer ministro argelino, Abdelaziz Djerad, manifestó la existencia de “maniobras extranjeras que intentan desestabilizar la región” y su preocupación por el deseo de traer “a la entidad sionista” al Magreb.
El resultado de esta pugna queda bien plasmado en el incremento exponencial en gasto militar y en la carrera armamentística que emprenden ambos países. Argelia aumenta su gasto militar en un 120% en 2023, cuando ya entonces era el país de mayor gasto en el continente. Pasa de 9.000 millones de euros a más de 23.000 millones de euros entre 2022 y 2023. Este aumento sirve para adquirir baterías antiaéreas y cazas de Rusia. Estas partidas también están destinadas a comprar material bélico a Turquía y China. Por su parte, el acercamiento de Marruecos a Israel le sirve para hacerse con un sistema antimisiles israelí Barak MX y material de última generación de Estados Unidos.
España y Argelia: socios estratégicos
Uno de los principales activos de la política exterior española hacia el Magreb desde los inicios de la democracia es su gran capacidad de interlocución y equilibrio con Marruecos y Argelia, líderes indiscutibles de la región norteafricana, pero también principales adversarios, y la relación estratégica con cada uno de ellos.
España ha sabido mantener siempre una postura muy equilibrada en una relación triangular tediosamente compleja. La diplomacia española ha gozado de un rol privilegiado en las relaciones bilaterales con ambos países, pero también a nivel europeo, plasmados en la Declaración de Barcelona en 1995, la política europea de vecindad, la Unión por el Mediterráneo, entre otros, con un liderazgo indiscutible, que se diferencia de otros socios europeos con mayor legado colonial en ambos países.
Esa habilidad de la diplomacia española ha sido clave en un complejo entramado donde entran en juego muchos intereses de índole económica, comercial, migratoria, de seguridad y lucha contra el terrorismo, por mencionar algunos.
La relación de Madrid con Argelia ha gozado de un excelente estado de salud a lo largo de los años y ha estado basada principalmente en el componente energético, dado que Argel es el principal suministrador de gas natural de España. Existen otros ámbitos de cooperación como son las relaciones comerciales, la lucha contra la inmigración irregular, el terrorismo y las amenazas del Sahel, de vecindad inmediata con Argel. España ha valorado positivamente el rol de Argelia en el Sahel y en Malí.
La política exterior hacia Argelia ha sido también muy pragmática en un complejo entramado de intereses cruzados entre España-Marruecos-Argelia. Esto se escenifica con la firma con Argel del Tratado de Amistad, Buena Vecindad y Cooperación en octubre de 2002, unos meses después de la primera gran crisis del siglo XXI con Marruecos por la Isla del Perejil, en julio de ese año. Este instrumento legal, de los más avanzados, permite potenciar los lazos al más alto nivel, estableciendo un marco de consultas políticas bilaterales, Reuniones de Alto Nivel (RAN) entre los jefes de gobierno; consultas regulares a nivel de ministros de Asuntos Exteriores, secretarios de Estado; cooperación en los ámbitos de la defensa, desarrollo y cultura, entre otros.
El problema del Sáhara Occidental
Aunque la relación bilateral con Argelia y Marruecos es independiente y bien diferenciada, la cuestión del Sáhara Occidental ha sido, es, y probablemente será, el asunto más espinoso que condiciona en gran medida la relación de España con uno u otro.
Esto quedó claro en la decisión de acoger a Brahim Ghali, aliado de Argel, presidente de la RASD, y también ciudadano de nacionalidad española, por razones humanitarias para ser tratado de COVID, lo que desencadenó la mayor crisis diplomática entre España y Marruecos en los últimos tiempos. No era la primera vez que España acogía a un presidente de la RASD, pero Marruecos lo calificó como un “acto inaceptable y condenable” en el nuevo contexto de los Acuerdos de Abraham.
Para Marruecos, el reconocimiento por parte de la primera potencia mundial de su soberanía sobre el Sáhara Occidental se convierte en el éxito más importante del legado de Mohamed VI en política exterior. A pesar de ello, no se conforma con este regalo, sino que lo instrumentaliza como un utensilio de fuerza para condicionar sus relaciones con terceros: o estás conmigo, o estás contra mí. Es la culminación de un proceso que inició el monarca alauí Hasán II con la llamada Marcha Verde en noviembre de 1975, unos días antes del fallecimiento de Franco.
Para Argel, la presión que ejerce Marruecos sobre Berlín, Madrid y París, en favor del plan de autonomía marroquí, genera preocupación, y luego indignación, tras el cambio de postura de las tres capitales. Berlín fue el pionero en poner fin a su crisis con Rabat cuando aseguró que el plan de autonomía marroquí es “una buena base” para la resolución del conflicto. El segundo que cedió a las tesis de Rabat fue España, mediante una misiva del presidente Pedro Sánchez al rey de Marruecos en la que señalaba que la propuesta marroquí era la “más seria, realista y creíble” para la solución de este conflicto. España venía apoyando en los últimos 47 años una “solución política justa, duradera y mutuamente aceptable” en el marco de las resoluciones de Naciones Unidas. Este cambio inédito en la postura de España, muy criticado por no gozar del consenso de todas las fuerzas políticas, rompe la neutralidad española en favor del plan de autonomía marroquí, abriendo una crisis sin precedentes con Argel. Las autoridades argelinas, sorprendidas por el repentino cambio de posición, respondieron llamando a consultas a su embajador “con efecto inmediato”.
El siguiente paso fue la suspensión del Tratado de Amistad, Buena Vecindad y Cooperación, que tuvo graves consecuencias para las exportaciones españolas que cayeron un 45,9% en el segundo semestre de 2022 (de 1.888 millones a 1.021 millones), y un 90% en el primer semestre de 2023. Como consecuencia surge la Asociación de Empresas Afectadas por la Crisis de Argelia (AECA), que reclaman al gobierno daños por este cambio de postura. Esta crisis afectará también al tráfico aéreo y a la cooperación en materia migratoria.
Relaciones con Madrid
Además, para muchos argelinos, España dejaba de lado a los saharauis por segunda vez, siendo la primera cuando en 1975 se repartió el territorio entre Marruecos y Mauritania sin celebrar un referéndum de autodeterminación.
Tras diecinueve meses de crisis, Argelia reanuda relaciones, con el nombramiento de un nuevo embajador en Madrid, tras las palabras del presidente Sánchez en su alocución anual ante la Asamblea General de las Naciones Unidas en septiembre de 2023. El presidente volvió a utilizar el lenguaje tradicional de España, defendiendo una solución política justa, duradera y mutuamente aceptable en el marco de la ONU, evitando mencionar el plan de autonomía marroquí.
En noviembre de 2024 Argelia levanta todas las restricciones para el comercio exterior dando por zanjada la crisis, aunque el ministro de Asuntos Exterior, José Manuel Albares, no pudo realizar la visita prevista a Argel unos meses antes, para escenificar el comienzo de un nuevo capítulo con Argelia.
Esta compleja coyuntura refleja la fragmentación de relaciones de varias capitales europeas con Argelia y Marruecos en torno a su postura sobre el Sáhara Occidental. Al cambio de postura español le sigue el de París, que va un paso más allá que Berlín y Madrid. El presidente Emmanuel Macron cierra su crisis abierta con Marruecos al afirmar que el plan de autonomía alauí es “la única base” conforme a las resoluciones del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.
De este modo, la nueva postura se convierte en un catalizador de crisis para Argel, al ver que países como Alemania, Francia y España, ceden en favor de la postura marroquí de reconocimiento de su plan de autonomía bajo soberanía marroquí.
Las relaciones energéticas
La energía juega un papel estratégico en nuestras relaciones con Argelia. España depende en gran medida de las importaciones de gas natural argelino, suministradas a través de dos gasoductos: Gasoducto Magreb-Europa (GME) y Medgaz. El GME, que atraviesa Marruecos, cerró tras la decisión argelina de no renovar el contrato unos meses después de la ruptura de relaciones diplomáticas entre Argelia y Marruecos (agosto de 2021). Para entonces, España no había cambiado de postura sobre el Sáhara, y Argelia aseguró que honraría sus compromisos a través de buques metaneros cargados de gas natural licuado y de la incrementación del volumen de Medgaz.
Sin embargo, unos meses después, el panorama mundial cambió drásticamente con la invasión de Rusia a Ucrania, que puso en peligro, entre otras cosas, la estabilidad del suministro de gas en Europa. Prueba de ello es que en los diversos paquetes de sanciones aprobados por la Unión Europea contra las exportaciones energéticas rusas (petróleo, carbón y derivados), el gas natural queda al margen por su carácter esencial. Menos de un mes después, la Casa Real marroquí desvela la carta de Pedro Sánchez a Rabat anunciando su cambio de postura (marzo de 2022). La represalia argelina, tal y como se ha dicho, también incluyó un componente energético muy relevante. A los pocos días, a principios de abril de 2022, el presidente de Sonatrach, la empresa pública argelina de gas natural, anunció que mantendría precios “relativamente correctos” para sus clientes, sin descartar “un recálculo de precios con nuestro cliente español”.
«Tras una etapa de crisis con dos socios estratégicos en el Magreb, Argelia y Marruecos, España ha maniobrado y vuelve el equilibrio»
Ante la rígida reacción argelina, y los diecinueve meses de crisis, España mira hacia Marruecos. En una señal de pragmatismo, accede a regasificar gas natural licuado enviado por Marruecos en buques metaneros, tratarlo en las instalaciones españolas de regasificación, y devolverlo en estado gaseoso a través del gasoducto Magreb-Europa. El GME, que antaño bombeaba gas en dirección Sur-Norte, pasa a hacerlo de Norte a Sur ante el cierre argelino. Esto pone de manifiesto el gran capital del sistema portuario español en materia de regasificación, hacia Marruecos y hacia Europa, dado que somos una de las potencias europeas en tratamiento de gas natural licuado.
Tras la amenaza de Sonatrach en abril, y el cambio de sentido del GME en el verano de 2022, en octubre de ese año Naturgy, empresa con el contrato de aprovisionamiento de gas procedente de Argelia para España, acepta una subida de la tarifa por el gas, ahora equiparada al precio pagado por Italia y Francia.
Tras esta turbulenta etapa de crisis con dos de nuestros socios estratégicos en el Magreb, Argelia y Marruecos, España ha sabido maniobrar y volver a ese equilibrio. En 2024, logra un acuerdo con Argelia para garantizar el suministro a la península ibérica, con revisiones bienales y trienales de cara al periodo 2025 y 2027. A su vez, otros países como Alemania, Italia y la República Checa, debido a su vulnerabilidad energética, también han reforzado relaciones con Argelia.
España debe seguir mirando al futuro con especial tacto y pragmatismo con su vecindario más inmediato, maximizando su gran capacidad de interlocución con ambos países, e incluso ir más allá, promoviendo un acercamiento entre ambos.
