Se ha priorizado situar a españoles en los gabinetes donde se llevan dosieres relacionados con la cartera de Teresa Ribera, vicepresidenta ejecutiva de la Comisión
Por Nacho Alarcón, publicado en El Confidencial, el 2 de enero de 2025
La Comisión Europea echó a rodar a principios de diciembre, después de que el 27 de noviembre el Parlamento Europeo aprobara el nuevo colegio de comisarios, la sala de máquinas del Ejecutivo comunitario durante los próximos cinco años, con la española Teresa Ribera como vicepresidenta ejecutiva a cargo de Transición Ecológica y con la cartera de Competencia bajo su brazo. El Gobierno ha jugado bien sus cartas con Ribera. Logró que Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, encargara a la entonces vicepresidenta tercera del Gobierno uno de los puestos más poderosos del Ejecutivo comunitario, con una vicepresidencia ejecutiva, y, sobre todo, con la cartera de Competencia, una de las que tiene poder duro y real.
Desde Moncloa y la propia Bruselas se trabajó para convencer a la mano derecha de Von der Leyen, el alemán Bjoern Seibert, el hombre más poderoso por debajo de la presidencia, y se logró un buen encaje para ella. Después se ató que la española sea la segunda con mando en plaza: si la presidenta de la Comisión Europea no está presente será Ribera la que presida el colegio de comisarios, la reunión en la que se toman las decisiones en la institución, aunque estas cada vez están más centralizadas en la oficina de Von der Leyen.
En las semanas previas y también en las posteriores se ha desarrollado otra negociación, igualmente larga y difícil, menos visible, menos glamurosa, pero es igualmente importante, donde se juega buena parte de la influencia de España en las instituciones europeas: los gabinetes de los otros comisarios. Se trata de una negociación a varias bandas desde Bruselas y desde Madrid con el objetivo de ir colocando a españoles en los equipos claves y en los dossieres de mayor interés para el Gobierno. En muchas ocasiones sirve como una radiografía para ver la influencia española en la capital comunitaria.
¿Cómo ha quedado España? La respuesta difiere mucho según a la persona a la que se le pregunte. Hay un consenso muy amplio en que los españoles siguen estando muy infrarrepresentados a nivel de gabinetes como producto de una ausencia de estrategia de largo plazo de influencia en Bruselas. Los números parecen peores que durante la última legislatura, aunque entonces se contaba con el gabinete del Alto Representante de la Unión para Política Exterior y de Seguridad que ofrecía muchas opciones de intercambio de cromos con otros equipos. Contar siempre es difícil en estas ocasiones, porque no es lo mismo un miembro de gabinete que un asistente o un secretario, así que no hay una única manera de contabilizar el número de españoles en los equipos. El punto de inicio respecto al arranque de la legislatura pasada en todo caso es muy similar, aunque eso, las cifras, son solamente una parte de la historia.
El problema de fondo en todo caso sigue siendo de estrategia y de visión. Por mucho que el país se ponga las pilas en unas cuantas semanas clave para las negociaciones de los gabinetes sigue faltando toda una estructura, una estrategia, unas mecánicas y una presencia que España, a diferencia de otros Estados miembros, no tiene en Bruselas y que no le pueden dar los funcionarios europeos de nacionalidad española sin sentido ni dirección desde Madrid, aunque muchos de ellos se esfuercen por suplir y ocupar el vacío que deja el Estado.
El resultado, por lo tanto, es agridulce porque se parte de una situación mucho peor que la de los países que se toman esta cuestión más en serio. Incluso si se tuviera presencia y se lograra negociar de manera brillante y obtener todos los puestos a los que potencialmente podría aspirar España, la realidad es que eso no tiene necesariamente que traducirse en influencia, ya que sigue faltando toda esa estructura y visión. Y es agridulce porque los números son peores de lo que muchos podían esperar, aunque al menos se ha seguido una estrategia, que, equivocada o no, muestra que hay una intención.
El Gobierno priorizó tener a españoles en gabinetes con misiones que pueden solaparse con aquellas que tiene bajo su control Ribera
Al nivel más alto, el único jefe de gabinete español es Miguel Gil-Tertre, un veterano de la casa que conoce perfectamente la Comisión Europea, que es respetado, entiende el funcionamiento de la política interna y que encabezará la oficina de Ribera. Bajando un nivel, no se contará con ningún jefe de gabinete adjunto en otros equipos. La razón es que España ha priorizado obtener posiciones en dossieres que se consideran críticos, más que personas de alto rango dentro de otros gabinetes.
El problema de fondo es que Von der Leyen ha diseñado un colegio de comisarios con muchos solapamientos que tiene como objetivo reducir el poder de los comisarios y aumentar su control sobre dossieres importantes. Por ejemplo, el Plan de Industria Limpia, uno de los claves para Ribera, es una iniciativa compartida con el francés Stéphane Séjourné, vicepresidente ejecutivo a cargo de Mercado Interior. Así que el Gobierno ha priorizado tener a españoles repartidos en distintos gabinetes con misiones que pueden solaparse con aquellas que tiene bajo su control Ribera.
En otras palabras: la estrategia ha sido fortificar posiciones e intentar controlar bien todo aquello que tiene que ver con la cartera de Ribera, en vez de buscar una estrategia “expansiva” y situar piezas siguiendo una lógica de peso y rango. Así, Laïa Pinos Mataro se ha unido al gabinete de Séjourné para llevar asuntos del Pacto de Industria Limpia, un dossier que también seguirá Miguel Garcia Jones en el gabinete de Wopke Hoekstra, comisario de Clima. También relacionado con clima, aunque ya de manera más indirecta, Elena Arveras, que ha estado trabajando en el Reglamento sobre divulgación de información financiera sostenible (SFDR), se une al gabinete de Maria Luís Albuquerque, comisaria de Servicios Financieros.
Esta elección, así como la de que Luis Planas que ha pasado los últimos años en la dirección general de Medio Ambiente y que ahora se ha unido al gabinete de la sueca Jessika Roswall, comisaria de Medio Ambiente y la de una asesora de comunicación, Ana Pisonero, en el gabinete de Dan Jorgensen, comisario de Energía, ayudan a dibujar una línea de protección alrededor de Ribera. El gabinete de la vicepresidenta ejecutiva tendría de esta manera ojos y manos en todos los equipos que llevan asuntos relacionados con su prioridad, que es la agenda verde. Porque en Bruselas el rango en el colegio de comisarios importa lo justo: nada evita que un comisario raso haga la vida muy difícil a un vicepresidente ejecutivo.
Además, más allá del puesto de Gil-Tertre, los otros dos huecos para españoles que quedaban en el equipo de Ribera han sido para dos personas de su confianza que vienen desde el Ministerio de Transición Ecológica, Valvanera Ulargui, que ha sido Directora de la Oficina Española de Cambio Climático. Ministerio para la Transición Ecológica, y Iolanda Mármol, su directora de comunicación en el ministerio.
Otros gabinetes
La negociación no ha sido sencilla porque algunos gabinetes son ligeramente más pequeños que en 2019, y porque hay muchos comisarios del Partido Popular Europeo (PPE) con el que los intercambios de cromos son más complejos y caros. En gabinetes que ya no están directamente relacionados con el de Ribera se ha logrado colocar a españoles en otro gabinete de vicepresidentes ejecutivos, más allá del de Séjourné, al conseguir un lugar en el equipo de la socialista rumana Roxana Mînzatu, a cargo de Derechos Sociales, donde estará a partir del año que viene la española Sonia Vila, que llevará asuntos de agenda social.
También se consigue presencia en otros dos gabinetes de peso, el de Valdis Dombrovskis, comisario de Economía, donde seguirá Mirzha de Manuel, un veterano que ya estuvo en el equipo del letón durante los últimos años, y al que se suma también Clara González como asesora de comunicación, y el de Piotr Serafin, comisario de Presupuesto, en cuyo equipo estará Ana Carrero Yubero, que ha sido jefa de unidad en la Dirección General de Empleo y que ahora se encargará de recursos humanos en el gabinete. Serafin, una persona de la confianza del primer ministro polaco Donald Tusk y que reportará directamente a Von der Leyen a pesar de ser un comisario raso, se encargará del diseño y negociación del Marco Financiero Plurianual (MFP), que será una de las claves de la nueva legislatura.
Un elemento común en muchos gabinetes es que en algunas ocasiones se ha apostado por perfiles menos sénior en vez de personas que ya tienen experiencias en gabinetes y que conocen bien lo que se cuece, y que se nota también la mano de Seibert y de Von der Leyen, que en esta ocasión han tenido un mayor control del proceso, algo que se refleja por ejemplo en que algunos españoles proceden de la secretaría general o del ámbito de Seibert.
En el gabinete de Marta Kos, comisaria de Ampliación, el español Alberto Fernández-Diez se encargará del dossier de Ucrania después de haber estado desde 2022 al frente de la sección de Comercio de la delegación de la Unión Europea en Kiev. Por otro lado, Natividad Lorenzo será experta de acuerdos internacionales en el gabinete de Josef Síkela, comisario de ese ramo, y Míriam Cunill seguirá en el gabinete del húngaro Oliver Varhelyi, en el que ya había estado en los últimos años.
En el gabinete de Dubravka Šuica, comisaria del Mediterráneo, estará Raül Hernández i Sagrera, mientras que en el de Costas Kadis, comisario de Océanos, ha entrado Antonio Basanta. En el equipo de Michael McGrath, comisario de Justicia y Estado de derecho, una cartera que durante los últimos cinco años se ha demostrado especialmente sensible para el Gobierno a raíz de la amnistía y el bloqueo del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), se ha incluido a María Zafra.
La influencia es difícil de medir. Depende mucho de cómo de activo sea cada uno de estos españoles, cuánto se gane la confianza de las personas indicadas, y cómo se estructure el trabajo del gabinete, ya que algunos españoles no tienen el rango de “miembros” puros de gabinete, sino por ejemplo de coordinadores o expertos, y hay equipos en los que solamente un núcleo muy cercano al comisario tiene algo que decir en el trabajo del día a día.
Sin españoles en el gabinete de Kallas
¿Grandes ausencias en los equipos? Una de las noticias es que no hay españoles en el gabinete de Kaja Kallas, Alta Representante de la Unión para Política Exterior y de Seguridad, después de un lustro de que el puesto haya estado en manos de Josep Borrell. En Bruselas hay cierto temor con que Kallas, antigua primera ministra de Estonia, totalmente enfocada en Rusia, vaya a hacer un giro de 180 grados a la política de Borrell y que los intereses españoles vayan a desaparecer por completo del Servicio Europeo de Acción Exterior (SEAE).
En todo caso hay una española, Belén Martínez Carbonell, entre los favoritos para uno de los puestos más relevantes del SEAE, el de director general del Servicio, actualmente en manos del italiano Stefano Sannino. Tampoco hay ningún español en el gabinete de Andrius Kubilius, comisario de Defensa, en una legislatura en la que la industria militar va a ser muy relevante, ni tampoco en el de Maros Sefcovic, comisario de Comercio, que tendrá protagonismo durante los próximos años ante el reto comercial que planteará el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca.
Queda pendiente qué español entrará en el gabinete a priori más importante, que es el de Von der Leyen, y donde se ha negociado que haya un hueco para alguien español, aunque el equipo de la presidenta siempre es delicado: hay que encontrar a alguien que sea de la confianza de ella y de su jefe de gabinete o de lo contrario el miembro español del gabinete probablemente tenga poco que aportar y se encuentre en los extrarradios de la sala de máquinas del equipo.
A España le falta una narrativa clara sobre Europa, una idea de lo que piensa claramente sobre los grandes debates
¿Por qué importa esta partida? No es una cuestión únicamente de cuotas y de conseguir que España esté simplemente representada. Aunque los españoles en estos gabinetes trabajan por el interés común europeo y no siguen ni instrucciones ni trabajan por los intereses españoles, su presencia ayuda a transmitir la visión o sensibilidad española de determinados asuntos, la influencia blanda que es una de las más relevantes en la capital comunitaria, además de poder ser una fuente informal de información y de intercambio entre el Gobierno y Bruselas. En todo caso, para que esta presencia se tradujera en influencia, a España todavía le falta una narrativa clara sobre Europa, una idea de lo que piensa claramente sobre los grandes debates, unas prioridades bien definidas y conocidas por todos. Se ha avanzado en los últimos años, pero sigue faltando estructura, intención y potencia.
