La reforma legislativa impulsada por el rey Mohamed VI equipara un poco más, sin igualarles, a hombres y mujeres. Prácticamente prohíbe el matrimonio de menores de edad aún frecuente en zonas rurales. En 2025 será aprobada por el Parlamento
Por Ignacio Cembrero, publicado en El Confidencial el 24 de diciembre de 2024
Las mujeres serán, en Marruecos, un poco más iguales a los hombres. Podrán, por ejemplo, prohibir a su esposo, al contraer matrimonio, ser polígamo y así quedará recogido en el acta del enlace. El marido solo podrá tener más mujeres en caso de infertilidad de su primera cónyuge o si esta no puede cumplir con su “deber conyugal” y siempre previa autorización judicial.
Estos avances van a quedar recogidos en el nuevo Código de Familia (Mudawana) impulsado por el rey Mohamed VI, que será sometido en breve a la aprobación del Parlamento. El monarca ya inspiró, en 2004, una primera reforma legislativa -la tercera entonces en la historia de Marruecos desde la independencia- que mejoró la situación de la mujer.
La mejora se quedó corta. “La Mudawana no ha introducido las modificaciones señaladas y con respecto a las mujeres y su rol como progenitoras, infringe abiertamente el principio de igualdad entre hombres y mujeres en el disfrute de derechos y libertades reconocido por el artículo 19 de la Constitución marroquí y contradice los compromisos internacionales asumidos por Marruecos (…)”, escribió Carmen Garratón, profesora de la Universidad de Granada, en una revista académica de la Universidad Carlos III.
Las feministas marroquíes y las ONG de derechos humanos reclamaban una nueva reforma, acorde con la evolución de la sociedad, mientras que los partidos y asociaciones islamistas se resistían a cualquier avance. Abdelila Benkirane, exprimer ministro y líder del islamista Partido de la Justicia y Desarrollo, manifestó, desde un principio, su oposición a la supresión del matrimonio de menores. “Los que reivindican la igualdad entre hombres y mujeres quieren convertirse en europeos”, declaró en febrero pasado.
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Aun así, el rey dio instrucciones, en septiembre de 2023, para que una comisión presentara en seis meses una propuesta de revisión del código de familia que fue sometida a consultas con la sociedad civil, los partidos políticos y, sobre todo, el Consejo de los Ulemas (teólogos islámicos). A continuación, el Gobierno elaboró un anteproyecto de ley que presentó al monarca el pasado lunes.
Por encargo del monarca, el primer ministro, Aziz Akhnnouch, acompañado de medio Gobierno, la desveló el martes 24 ante la prensa antes de remitirla al Parlamento. Al contar con el aval de Mohamed VI será, muy probablemente, aprobada por unanimidad por ambas cámaras sin ser ni siquiera enmendada, como ya sucedió con la de 2004.
Mohamed VI instó, en un comunicado, a los diputados y senadores a tomar en consideración la “voluntad de reforma y de apertura al progreso” que inspiran esta nueva Mudawana. Está basada, recalcó, en “los principios de justicia, igualdad, solidaridad y coherencia preconizados por la Santa religión del Islam, así como por los valores universales que emanan de los convenios internacionales ratificados por Marruecos”.
La reforma estipula, entre otras novedades, que el matrimonio solo se podrá contraer a partir de la mayoría de edad (18 años) aunque en determinadas condiciones “excepcionales” los menores de 17 también podrán casarse, según anunció Abdellatif Ouahabi, ministro de Justicia. En zonas rurales, un número nada desdeñable de chicas menores contraen nupcias. La poligamia no desaparece, pero queda sometida a la autorización de la esposa que puede otorgar o denegar cuando formaliza la unión. En la sociedad marroquí la poligamia tiende a desaparecer.
El Estado pondrá además en marcha una “instancia de reconciliación” que intentará mediar entre las parejas que lo deseen para evitar el divorcio. Este podrá pactarse de común acuerdo entre los cónyuges, mediante un contrato, sin intervención de la justicia.
Otra gran novedad es que la esposa divorciada podrá mantener la custodia de sus hijos. Podría, no obstante, perderla si se vuelve casar a menos que tenga hijos menores de 7 años o que sus vástagos padezcan alguna enfermedad o minusvalía que requieran especiales cuidados.
A la hora de repartir la riqueza adquirida durante el matrimonio entre la pareja que divorcia se “evaluará el trabajo doméstico de la mujer”. El anuncio reviste especial importancia en un país en el que el 73% de las mujeres en edad laboral no trabajan. Se establecerán, por último, criterios objetivos para que la cuantía de la pensión alimenticia no sea arbitraria. Las sentencias judiciales sean ejecutadas en plazos determinados y su demora no debería ya perjudicar a la mujer divorciada.
Las emigrantes marroquíes residentes en el extranjero podrán, por último, contraer matrimonio sin la presencia de dos testigos de confesión musulmana si les resulta imposible contar con ellos. Hasta ahora era un requisito indispensable para que el matrimonio tuviera validez. En Marruecos no existe el matrimonio civil.
Desde una perspectiva europea estos avances parecen pequeños, pero en el contexto árabe-musulmán, sitúan a Marruecos a la cabeza siempre precedido de Túnez, el país de la región en el que las mujeres gozan de más derechos. En países árabes con minorías cristianas reconocidas, como Egipto o Irak, estas disponen de su propio código civil al margen de los musulmanes.
