Nunca una entrada de inmigrantes fue tan coordinada en redes, ni se mezclaron árabes y subsaharianos, ni Rabat desplegó a tantos antidisturbios demostrando que la seguridad de la ciudad dependía de su buena voluntad
Por Ignacio Cembrero, en El Confidencial, el 17 de septiembre de 2024
El frustrado asalto, del fin de semana y de la madrugada del lunes, de cientos de jóvenes a la ciudad de Ceuta arroja cuatro novedades en la historia reciente de la inmigración irregular en el norte de Marruecos y un montón de preguntas por ahora sin respuesta.
1. Nunca en la historia reciente se había coordinado un asalto migratorio tan activamente a través de las redes sociales, sobre todo TikTok, Instagram y Facebook que en Marruecos tiene mayor audiencia entre la juventud que en Europa. Algunos “tiktokers” hacían discursos y mostraban mapas, pero otros solo difundían el siguiente mensaje: “15-9 Findeq-Ceuta”. Findeq es como los marroquíes llaman a Castillejos, una ciudad a menos de tres kilómetros de la frontera española. Pese a la detención de unos 60 instigadores de la campaña por la policía marroquí, aquella continuó funcionando y animando a emigrar hasta la misma madrugada del lunes.
2. Nunca se habían mezclado en el intento de asalto árabes con subsaharianos. Hasta ahora unos y otros iban por separado. Entre los árabes, los más numerosos eran los marroquíes, procedentes de varias regiones del país, muchos de ellos menores de edad. También había argelinos, sirios y hasta algún que otro yemení.
3. Nunca el despliegue policial marroquí, desde Tánger hasta la frontera del Tarajal con Ceuta pasando por Tetuán y Castillejos, había sido tupido. A las Fuerzas Auxiliares (antidisturbios), se añadieron la Seguridad Nacional (policía), la Gendarmería y hasta el Ejército, según Le 360, un diario digital oficialista. En total unos 7.000 hombres.
4. Nunca había quedado tan en evidencia, esta vez en positivo, que la seguridad de la ciudad autónoma depende de Marruecos. Si las fuerzas de seguridad marroquíes no se hubiesen empleado a fondo, cientos, quizás miles de jóvenes migrantes habrían entrado en Ceuta por tierra y por mar porque el domingo probaron simultáneamente las dos vías a la vez. El Ministerio del Interior español resaltó, el domingo por la noche, que las fuerzas de seguridad marroquíes desarrollan un “extraordinario trabajo”. Debería también preocuparse por la gran vulnerabilidad de la ciudad y su incapacidad en defenderla -lo mismo sucedería en Melilla- si el vecino falla.
Las autoridades de Marruecos han desarrollado este fin de semana, a ojos de España y de Europa, una operación de relaciones públicas demostrando su colaboración en parar la inmigración irregular. Han prácticamente borrado el mal recuerdo de aquella entrada masiva de migrantes en Ceuta que alentaron en mayo de 2021, según los informes del CNI publicado por El País, para así castigar al Gobierno de Pedro Sánchez por haber acogido un mes antes a Brahim Ghali, el líder del Frente Polisario enfermo de covid.
Para que fuera eficaz la operación de seducción de Rabat era quizás necesario que el grueso de esos aspirantes a emigrar lograran primero llegar a Castillejos, en vísperas del fin de semana, y que varios centenares consiguieran además salir de la ciudad tomada por la policía. Campo a través pusieron rumbo a la frontera el sábado por la noche. Allí se enfrentaron durante más de doce horas con los antidisturbios y hasta lograron romper la valla del lado marroquí. A diferencia de otras ocasiones, los mandos policiales no pusieron ninguna traba a que periodistas profesionales y aficionados grabaran esas imágenes que han dado la vuelta a Europa.
Esas imágenes de las cargas policiales y de las detenciones de niños tienen, sin embargo, un coste para las autoridades de Marruecos porque chocan a su población, a juzgar por las reacciones en las redes sociales. Mohamed Benaissa, presidente del Observatorio del Norte para los Derechos Humanos, resaltaba en la prensa que “la mayoría de los detenidos son menores de edad”. “Se observó la participación de niños de entre 9 y 10 años” mientras que la edad de los adultos no rebasaba los 24, añadió.
Detrás de estos chavales que se cuelan en el transporte público para llegar a Castillejos y caminan por el campo, no hay mafias que valgan ni potencias extranjeras como Argelia, a las que acusan sin pruebas la prensa marroquí. Solo está el espejismo de una vida mejor del otro lado de la frontera, propagado desde las redes sociales que alimentan también los que semanas atrás lograron su objetivo y viven bajo la tutela de la ciudad de Ceuta.
Las imágenes de las detenciones chocan y chocan todavía más porque se practican, en el fondo, por cuenta de España. “Es muy triste que un país con más de 12 siglos de historia, tras 68 años de independencia y que desde hace un cuarto de siglo promete a los marroquíes democracia y modernidad, se convierta en un mero gendarme en las fronteras de un territorio ocupado [Ceuta] para impedir a su juventud que huya”, escribió en las redes sociales el periodista Ali Anouzla, director del digital Lakome.
El máximo responsable de las fuerzas de seguridad, excepto de la Gendarmeria, es Abdellatif Hammouchi. Para ponerle a salvo de las críticas por la represión la prensa oficialista achacó al primer ministro, Aziz Akhannouch, la culpa de que jóvenes desnortados se lancen al asalto de Ceuta. “¿Tiene una estrategia para rescatar a esos jóvenes, un discurso veraz sobre la situación social del país?”, se preguntaba el diario Le 360. Contestaba a todo con un “no”.
También es triste que, desde principios de agosto, hayan sido recuperados los cuerpos de ocho marroquíes -el último el domingo pasado- que se ahogaron nadando hacia Ceuta, pero la prensa de Rabat y Casablanca ignora esas muertes de las que solo se hablan en las redes sociales. Estas se han convertido en casi la única fuente de información de la juventud marroquí. A través de ellas, padres destrozados piden noticias de sus hijos que se echaron al agua y de los que nunca más supieron. El número de muertos es, probablemente, muy superior al de los cuerpos expulsados por el Mediterráneo hasta la costa ceutí.
Habrá más intentos, coordinados a través de las redes sociales, para entrar masivamente en el “paraíso” ceutí y quizás, por un motivo o por otro, las fuerzas de seguridad marroquíes no vuelvan a volcarse en abortarlos. Pese a la luna de miel entre Madrid y Rabat, desde abril de 2022, el vecino ha dado a España algunos sustos migratorios. El último, el domingo 25 de agosto, con la entrada a nado en Ceuta de unos 500 inmigrantes que pudieron ser devueltos, salvo los menores y los argelinos.
Aquello fue la sanción, según fuentes de inteligencia, impuesta a España tras la primera visita, una semana antes, de la ministra de Defensa, Margarita Robles, a las islas Chafarinas y a los peñones de Vélez y Alhucemas, de soberanía española situados a lo largo de la costa norte de Marruecos.
La imprevisibilidad de Marruecos aconseja atender a las propuestas de los sindicatos policiales y de la Guardia Civil y alargar los espigones que marcan los límites marítimos de Ceuta con Marruecos. Más importante aún es poner en marcha esos planes integrales de seguridad que el Gobierno de Pedro Sánchez anunció en la primavera de 2021 y que iban a elaborarse con la colaboración de las autoridades de Ceuta. Su presidente, Juan José Vivas, recordaba el domingo a El Confidencial que nunca habían sido llamados para participar en el grupo de trabajo que supuestamente se creó. Cada vez que preguntaba en Madrid, se le contestaba que no tardaría en convocarles.
El frustrado asalto, del fin de semana y de la madrugada del lunes, de cientos de jóvenes a la ciudad de Ceuta arroja cuatro novedades en la historia reciente de la inmigración irregular en el norte de Marruecos y un montón de preguntas por ahora sin respuesta.
