Los aranceles aprobados por la Comisión son una medida legítima de defensa comercial y una decisión estratégica fundamental para no ser vulnerables ante China
José Ignacio Torreblanca, en El Mundo, el 14 de septiembre de 2024>
El presidente del Gobierno, de viaje a China, ha generado titulares internacionales al manifestarse a favor de «reconsiderar» los aranceles impuestos por la UE a los vehículos eléctricos chinos después de que una investigación concluyera que los fabricantes de ese país estaban tirando los precios vendiendo sus vehículos a bajo coste o con la ayuda de subsidios estatales.
Si los chinos aceptan perder dinero vendiéndonos sus coches eléctricos por debajo de precio es por dos razones. La primera, que China ha hecho inversiones estratégicas en el sector para, como ha hecho con otras tecnologías verdes (placas solares, aerogeneradores y ahora baterías), hacerse con una gran cuota del mercado mundial y expulsar de él a sus competidores. La segunda, porque la economía china no crece lo suficiente ni genera confianza en los consumidores. Eso le genera un exceso de producción que tiene que volcar fuera para no agravar la crisis interna.
El estrangulamiento chino es completo. Compramos sus eléctricos que ya están subsidiados y encima les damos otra subvención aquí. Además, fabricamos allí los nuestros (lo que le pasa a SEAT-Cupra con su modelo Tavascán), aprovechando sus bajos costes y dejando los empleos allí. Y luego pedimos a los chinos que monten fábricas en nuestros países para producir aquí, compitiendo con nuestra industria. Los tres factores contribuyen a tener coches baratos, pero socavan por completo la industria del vehículo eléctrico europeo.
Los aranceles aprobados por la Comisión Europea son tanto una medida legítima de defensa comercial a corto y largo plazo como una decisión estratégica fundamental para no ser vulnerables ante China. Si nos mantenemos unidos, ganaremos todos. Si nos dividimos, China ganará. El caso de España es paradigmático: Pekín nos halaga y acoge con los brazos abiertos mostrándonos amistad y nosotros correspondemos con acarameladas declaraciones sobre lo pacíficos y colaborativos que son. Pero por la puerta de atrás nos amenazan con restringir las exportaciones de porcino españolas, muy importantes. En lugar de plantarnos y señalar que, con el increíble déficit comercial que tenemos con ellos, eso sería un acto hostil e injustificado, accedemos a «reconsiderar» los aranceles. China nos quiere, pero por nuestra debilidad y como puerta para trabajar con los otros en Europa, a los que también les flaquean las piernas.
