Los regímenes autoritarios y corruptos aman el dinero chino y las armas rusas, pero quieren tener su dinero, sus hijos y sus casas en Europa y EEUU
Por José Ignacio Torreblanca, publicado en El Mundo, el 7 de septiembre de 2024
Los europeos fueron convocados a las urnas el 6-9 de junio, pero todavía no tienen un gobierno. Ni lo tendrán hasta mediados de noviembre al paso que va el proceso de formación de la Comisión y las audiencias parlamentarias (que veremos cómo de cruentas son dado el gusto del Parlamento Europeo por los sacrificios rituales de candidatos a comisario). Unos que salen, otros que entran, una Comisión a medio gas con comisarios primero en campaña y luego en interinidad, funcionarios a la espera de instrucciones y prioridades; de los cinco años de mandato de la Comisión, solo cuatro son útiles.
EEUU no es muy diferente. El año electoral gira por completo en torno a la campaña, los candidatos, las primarias y la reelección. Si, como en el caso de Biden, añades a un presidente saliente que no va a concurrir a las urnas (lo que llaman «un pato cojo»), entonces la acción de gobierno se difumina aún más para, como es el caso de Kamala Harris, no perjudicarla con medidas controvertidas. Para colmo, al poco de estrenarse, cualquier presidente estadounidense tiene que empezar a pensar en las elecciones de medio mandato que le pueden llevar a perder la mayoría en la Cámara de Representantes y/o el Senado e incapacitarle políticamente los dos siguientes años.
Mientras el mundo libre se refocila en sus usos y tiempos democráticos, los líderes chinos convocan a toda África a Pekín, a donde acuden más de 50 líderes al sonido de una piñata de 46.000 millones de euros en créditos con los que expoliarse a sí mismos. En paralelo, Rusia se dedica a apoyar a los sátrapas locales con sus mercenarios del Afrika Korps (sí, nótese el evocador nombre nazi que usan estos rusos que dicen invadir Ucrania para liberarla de los nazis). Los regímenes autoritarios y corruptos aman el dinero chino y las armas rusas, pero quieren tener su dinero, a sus hijos y sus casas en Europa y EEUU. A sus dirigentes ni se les pasa por la cabeza disfrutar de sus expolios en Moscú, Pekín, Teherán ni Pyongyang. Aman su dinero, pero mucho más nuestros visados y la seguridad jurídica de nuestras democracias. Se dice (generosamente) que Europa no es estratégica y que China y Rusia sí lo son. Pero lo que es generoso es la descripción de lo que (no) hacemos. Pónganle ustedes nombre.
