El presidente del Gobierno viaja a Mauritania, Senegal y Gambia para demostrar que hace esfuerzos en materia migratoria y potenciar los lazos con África Occidental, aprovechando que Francia está de retirada
Por Ignacio Cembrero, publicado el 26/08/2024 en El Confidencial
Cuando la inmigración irregular se ha convertido de lleno en España en un asunto polémico de política interior, el presidente Pedro Sánchez emprende la semana próxima una gira por tres países de África Occidental con un objetivo prioritario: contenerla.
Junto con ese propósito, Sánchez tiene también otras dos intenciones, según fuentes conocedoras de la preparación de su viaje. Demostrar, primero, de cara a la opinión pública, que no ahorra esfuerzos para frenar la inmigración que llega por mar.
Potenciar, en segundo lugar, una política exterior más orientada hacia África Occidental y el Sahel, un área en la que la presencia de Europa ha mermado tras la reciente expulsión de Francia, la que fue la principal potencia colonial. Menguará aún más cuando desaparezca el franco CFA, la divisa a través la cual controla la política monetaria de 14 países africanos.
«Si tenemos en cuenta que Francia ha perdido influencia en la región y que los países africanos privilegian ahora los acuerdos bilaterales con sus vecinos europeos, tiene sentido que Sánchez vaya a visitarlos para ahondar la relación», recalca Beatriz de León Cobo, especialista en África Occidental y directora del Foro de Diálogo Sahel-Europa de la Universidad Francisco de Vitoria. «Por ese motivo, el Ministerio de Asuntos Exteriores está terminando de redactar la nueva estrategia de España para África», recuerda.
Lo peor está quizás por llegar. El otoño suele ser el periodo del año en el que más inmigrantes ponen pie en el archipiélago
Sánchez recorrerá, del 27 al 29 de agosto, Mauritania, Senegal y Gambia, tres países desde donde zarpan ahora —antes lo hacían desde Marruecos y del Sáhara Occidental— la mayoría de las barcazas, generalmente descritas como cayucos, atiborradas con inmigrantes que ponen rumbo a las islas Canarias.
Es la ruta migratoria hacia Europa que más crece. De enero hasta mediados de agosto desembarcaron 22.304 personas «sin papeles», un 126% más que durante el mismo periodo de 2023. Lo peor está quizás por llegar. El otoño, con la mar en calma, suele ser el periodo del año en el que más inmigrantes ponen pie en el archipiélago.
Sánchez ya estuvo en Mauritania, hace tan solo seis meses, junto con Ursula Von der Leyen, la presidenta de la Comisión Europea. Entre ambos anunciaron ayudas al desarrollo por 500 millones de euros. Desde finales del año pasado la mayoría de las barcazas que arriban a Canarias salen de ese país. Ahora es probable que haga anuncios similares en Senegal y Gambia.
Ese viaje de Sánchez fue el primero de este año de miembros del Gobierno español a esa región de África ahora tan mimada. El titular de Interior, Fernando Grande-Marlaska, visitó Mauritania en marzo; su colega de Exteriores, José Manuel Albares, se desplazó a Gambia y Senegal en junio y, a continuación, la vicepresidenta Yolanda Díaz, fue también a Dakar.
Mucho más discreto fue, el 7 de mayo, el desplazamiento a Malí de Diego Martínez Belio, secretario de Estado de Asuntos Exteriores. El país está gobernado por una Junta Militar que dio un golpe de Estado en 2021 y que se echó entonces en manos de la milicia rusa Africa Corps, la antigua Wagner, para luchar contra el yihadismo.
Sánchez no arrastra el lastre colonial de los franceses. De ahí que goce de un prejuicio favorable en las capitales que visitará
Martínez Belio estuvo en Bamako justo diez días antes de que la Junta acabase, en la práctica, de expulsar a EUTM Mali, la misión militar de la Unión Europea que durante 11 años formó al Ejército maliense en la lucha contra el terrorismo. Los españoles jugaron un papel destacado en la misión. Más de 8.000 militares españoles participaron en esas tareas de adiestramiento.
Malí preocupa y mucho al Gobierno español y no solo por la influencia de los mercenarios de Vladímir Putin y el azote del yihadismo. Preocupa sobre todo porque los malienses emigran como nunca y lo hacen, en parte, a través de Mauritania para llegar a Canarias, donde ahora son los más numerosos. En Mauritania hay unos 200.000 refugiados malienses, un número en constante auge.
La emigración de malienses y de otras nacionalidades a partir de Mauritania, incita al presidente de este país, Mohamed Ould Ghazouani, a querer revisar algunos de los convenios suscritos con España. El primero es el acuerdo de 2003 que, aunque se aplica poco, permite, en teoría, devolver a Mauritania a ciudadanos de terceros países que hayan emigrado a Canarias desde sus costas.
Sánchez no arrastra consigo el lastre colonial de los mandatarios franceses. De ahí que goce de un prejuicio favorable en las capitales que se dispone a visitar. Él «quiere abordar la cuestión migratoria con un ángulo global, invirtiendo en soluciones a largo plazo (…)», escribe, por ejemplo, el diario digital Senegal 7. «Más allá de la represión [de la emigración], Sánchez aspira a desarrollar un enfoque más equilibrado y solidario (…)», resalta.
Ni siquiera la instauración de un visado tránsito, en febrero, a los senegaleses que hagan escala en aeropuertos españoles, y, a partir del 28 de agosto, a los mauritanos, ha suscitado críticas al Gobierno español en la prensa de ambos países. La medida impedirá que aprovechen la parada aeroportuaria para pedir asilo.
Las visitas de presidentes europeos no es frecuente. El próximo jueves será la primera vez que un presidente español viaje a Gambia
Para ser absolutamente completo, el periplo migratorio de Sánchez debería de haber incluido a Marruecos y a Argelia. Él y sus ministros se han deshecho desde 2022 en elogios de la cooperación marroquí. La disminución de las llegadas este año (-11%) de inmigrantes a la Península y Baleares confirma el esfuerzo de Rabat.
Ese dato global esconde, sin embargo, dos «agujeros negros». El primero es Ceuta, cuyas costas han alcanzado, la mayoría a nado, 1.605 inmigrantes (173% más que en 2023) entre los que hay un buen puñado de menores no acompañados que colocan a la ciudad autónoma en una situación aún más apurada que Canarias. El segundo son las veloces narcolanchas, utilizadas sobre todo en el mar de Alborán, que mezclan a bordo, en su travesía hacia España, «sin papeles» con droga.
También Argelia es país de partida de la inmigración. El empeño que puso en 2023 en frenarla, y que Grande-Marlaska reconoció en una entrevista en La Vanguardia, ha decaído este año. El Ministerio del Interior español oculta las nacionalidades de los migrantes. Aun así, gracias a las autoridades baleares, se sabe que a su archipiélago llegaron hasta mediados de agosto 2.231 inmigrantes, un 2,5% más que durante todo 2023. Todos los que arriban a Baleares proceden de Argelia.
El problema con la vecina Argelia es más grave que este repunte. Si Marruecos admite, en general, repatriaciones de sus ciudadanos con cuentagotas, Argelia no las acepta desde el 2 de abril de 2022. Fue una de las sanciones que impuso a España tras el alineamiento de Sánchez con la solución que propugna el rey Mohamed VI para resolver el conflicto del Sáhara Occidental. Desde entonces no hay ningún diálogo bilateral.
Ahora, en julio, el presidente francés, Emmanuel Macron, ha ido un paso más allá que Sánchez con relación al Sáhara y Argelia está castigando a Francia con la misma medida: rechazar las repatriaciones de argelinos que tienen una orden de expulsión.
Las visitas de jefes de Gobierno europeos a Mauritania, Senegal y Gambia no son frecuentes. El próximo jueves será incluso la primera vez que un presidente español viaje a Gambia. Los jefes de Estado de estos tres países estarán seguramente agradecidos al huésped español y, a cambio de sus ofrecimientos de ayuda al desarrollo, le harán probablemente promesas que no siempre acabarán de cumplir.
En mayor o menor medida a todos ellos, incluido Marruecos, les interesa que haya emigración por tres razones. Es una forma de quitarse de en medio a aquellos otros inmigrantes que están en tránsito en sus países de camino hacia Europa. Es también una manera de mitigar el descontento social de sus jóvenes en paro y desactivar a los opositores políticos.
La crisis política de principios de año en Senegal, causada por el anuncio de un aplazamiento de las elecciones presidenciales, provocó un aumento de la emigración. La represión policial de la revuelta pacífica del Rif, a partir de mayo de 2017, se tradujo en un fuerte incremento de la salidas por mar a España. No fue solo porque los jóvenes rifeños quisieran emigrar para ponerse a salvo, sino porque las autoridades marroquíes hicieron la vista gorda.
Un candidato de la extrema derecha francesa propuso que los países que se negasen a readmitir emigrantes se les cortaran las remesas
Más importante aún: las remesas que mandan los emigrantes desde Europa o desde el Golfo son auténticos pilares de las economías africanas. «El primer ingreso en divisas de esos países con las remesas», explica Iñigo Moré, fundador de Remesas.org. En Marruecos, las remesas representan el 8,5% del PIB, más que el turismo; en Senegal, el 9,5%. «Este país recibió de España en remesas 437 millones de euros en 2023, lo que representa el 1,7% de su PIB», precisa Moré. Su PIB equivale al de Asturias, aunque su población multiplique por 18 a la del Principado.
Más llamativo es el caso de Gambia, con un PIB (2.020 millones de euros), apenas superior al de Ceuta, al que las remesas aportan un 22,9%. «Nuestra estimación es que desde España se enviaron a Gambia el año pasado, por canales regulados e informales, unos 100 millones de euros, es decir, casi el 5% de su PIB», señala Moré.
Las remesas son el cordón umbilical que mantiene a flote a algunos de esos Estados. Cuanto más intenso sea su flujo, más numerosos, y mejor, serán los que vivan de ellas. Durante la campaña de las elecciones legislativas francesas de julio, Jordan Bardella, el candidato de la Agrupación Nacional (extrema derecha), propuso presionar a los países que se negasen a readmitir a sus emigrantes cortándoles las remesas.
Moré cree, en cambio, que desde Europa se debería intentar orientarlas hacia el desarrollo del país destinatario. «España carece de programas consistentes a este respecto», se lamenta. En primer lugar, propugna abaratar los envíos, «instaurando un Bizum con esos países». Después, «hay que facilitar que las remesas vayan destinadas a inversiones, incluso domésticas como un simple corral de gallinas», concluye.
Cuando la inmigración irregular se ha convertido de lleno en España en un asunto polémico de política interior, el presidente Pedro Sánchez emprende la semana próxima una gira por tres países de África Occidental con un objetivo prioritario: contenerla.
