Orban, Maduro, Trump, Putin o Erdogan. Conciben las elecciones como un viaje de ida hacia al poder del que nunca piensan regresar.
Publicado en El Mundo, el 30 de julio de 2024
Orban, Maduro, Trump, Putin o Erdogan. Conciben las elecciones como un viaje de ida hacia al poder del que nunca piensan regresar. Unos lo llaman democracia iliberal, otros, democracia popular, pero son la misma cosa: regímenes políticos sin pesos, contrapesos, división de poderes y, sobre todo, sin posibilidad de alternancia. A los demócratas nos cuesta tanto entenderlo como aceptarlo, porque nuestros valores son otros, pero para ellos, la llegada al poder marca el comienzo de la demolición controlada de todos los resortes que podrían usarse para abandonarlo.
El caso de Venezuela no es distinto. Sus valedores nos hablaron del «socialismo del Siglo XXI», esto es, de la reconciliación del socialismo con la democracia liberal. Chávez demostraba, según ellos, que los socialistas podían ganar limpiamente las elecciones y legitimarse democráticamente para ejercer el poder. Ya no iba a haber, nos aseguraban, dictaduras de izquierdas como las del siglo XX. Pero todos sabíamos que algún día perderían unas elecciones y que eso demostraría cuán falsa era toda esa retórica. Y así fue.
Tras 17 años de chavismo, en las elecciones legislativas de diciembre de 2015, la oposición no solo consiguió 112 de los 167 diputados de la Asamblea Nacional, sino que logró superar el umbral de los dos tercios que le daba poder para cambiar el sistema desde dentro. Lo que vino después ya lo sabemos: el régimen bloqueó la Asamblea y luego lo vació con una Asamblea Constituyente que violaba su propia Constitución bolivariana. El régimen también amañó las presidenciales de 2018 para que Maduro volviera a ganar, en unas elecciones cuyos resultados no fueron reconocidos por la comunidad internacional y que merecieron la condena de la Unión Europea. Ahora, de nuevo sin observadores internacionales creíbles y tras haber hostigado brutalmente a la oposición, el régimen ha detenido el recuento, confiscado las actas y proclamado vencedor a Maduro.
Rusia, China, Corea del Norte, Cuba y Nicaragua han convalidado el resultado. No son creyentes, pero practican la fe, que es la virtud de creer sin ver. Aterra que Podemos se sume a ese grupo (¿son estos sus estándares democráticos?). Como lo hace tener que preguntarse dónde está la brújula moral y democrática de José Luis Rodríguez-Zapatero. Que le pregunte al chileno Gabriel Boric dónde la consiguió.
