La indiferencia con la que Putin ha enviado a 300.000 rusos a la muerte, tan parecida a la de Hitler, Stalin y otros tiranos sanguinarios, advierte de que no se contentará con una arrasada Kiev.
Por IÑAKI ELLAKURÍA, publicado en El Mundo, el 16 de diciembre de 2023
Dos meses después del atentado, en las redes sociales siguen circulando imágenes de los instantes previos del asalto de Hamas al festival Tribe of Nova Trance, en el sur de Israel, cerca de la frontera con Gaza. Allí donde empezó la masacre. En estos vídeos grabados por algunos de los asistentes a la rave -dada la común necesidad de inmortalizar lo que es inevitablemente efímero– aparecen decenas de jóvenes bailando, tonteando, bebiendo, besándose, extasiados y completamente ajenos a su fatal destino, mientras se vislumbran las fugaces sombras de los terroristas de Alá descendiendo en parapente.
Una escena trágica y perturbadora, difícil de olvidar, en tanto que sabemos que muchos de los que aparecen fueron asesinados minutos después, y porque es la alegoría más precisa de la ceguera de la sociedad occidental: de norte a sur, rodeada y sobrevolada por los bárbaros -Rusia, Irán, Turquía, China, Qatar…- que quieren destruirla, mientras que esta, en su ensimismamiento narcisista y mente acomodada, es incapaz de percatarse del peligro que la acecha y de reaccionar en consecuencia. Ciega ante un mundo en llamas. Como en 1914. Como en 1939.
El último baile de los sonámbulos ha sido el numerito autorreferencial con el que la UE ha presentado la apertura de negociaciones de adhesión con Ucrania. «¡Les abrimos las puertas!». Una decisión miserable y tramposa, ya que es el inicio de un trámite de larga duración e incierto desenlace que poco ayuda a Kiev en su guerra con los invasores. Aunque, claro, cumplirá con su objetivo de permitir a Europa sentirse generosa y magnánima, olvidando durante estas Navidades que junto a EE.UU. traicionan al pueblo ucraniano al no entregarles lo que más le urge: las armas necesarias -aviones- para derrotar a Rusia.
Convendría no engañarse: Putin no está ganando todavía la batalla en Ucrania, pero sí se está imponiendo en la pugna híbrida con Occidente. Al fracaso de las sanciones económicas, que los expertos aseguraban que doblegarían al régimen ruso, se le añade lo que el sátrapa del Kremlin predijo: el cansancio de las sociedades occidentales por una contienda demasiado larga, la eficacia de las campañas de desinformación y el miedo europeo a un enfrentamiento militar directo con Rusia.
¿Una guerra evitable? Difícilmente si cae Ucrania y Putin sigue vivo. La indiferencia con la que este ha enviado a 300.000 rusos a la muerte, tan parecida a la de Hitler, Stalin y otros tiranos sanguinarios, advierte de que no se contentará con una arrasada Kiev.
