…y la falta de indicios de que haya un país extranjero involucrado en el atentado
Artículo de Ángeles Escribá en El Mundo, el 19 de noviembre de 2023
Una semana después de recibir un tiro en la cara, Alejo Vidal-Quadras ve películas de Louis de Funés en su habitación del Gregorio Marañón, películas en las que no hay pistolas ni escenas que le recuerden a nada relacionado con el atentado sufrido del que todavía desconoce su autoría y que le provoca cierta ansiedad con sólo pensarlo. Y tiene un enfado político que supera cualquier dolor físico. Salió de cuidados intensivos en plena sesión de investidura y el viernes, apenas pudo, cuando Sánchez acababa de ser nombrado presidente, y él todavía no podía hablar, escribió incombustible por X: «La democacia puede ser consensual (UE) o de mayor o menor confrontación (países occidentales). El sanchismo escapa a ambas categorías porque convierte al adversario electoral en enemigo a expulsar del sistema mediante la destrucción de consenso constitucionales básicos». Completaba así un tuit suyo justo anterior al atentado.
Según sus amigos más cercanos, Amparo, su segunda mujer, y sus tres hijos son los únicos que pueden estar con él, por voluntad propia y en cumplimiento de las recomendaciones de la Policía, que ha desplegado vigilancia en el hospital y un cerco de seguridad, y que les ha pedido que no comenten nada. «La investigación está en un punto tan delicado que cualquier tontería puede frustrarla», advierten las fuentes de Crónica abriendo el abanico de posibilidades. Hace días que las Fuerzas de Seguridad hicieron llegar a sus superiores que el político podría estar en el objetivo de colectivos y dictaduras diversos por su posicionamiento desde el Foro Libertad y Alternativa que dirige.
Así, en relación con el atentado están siendo investigados colectivos anarquistas, de extrema izquierda revolucionaria y activistas vinculados a Venezuela, Palestina o Irán. Aunque la posibilidad de que el régimen de los ayatolás esté tras el intento de asesinato, la primera hipótesis que se puso sobre la mesa porque se publicó que Vidal-Quadras se la había mencionó a los médicos antes de ser intervenido, cada vez parece más lejana. En realidad, están perdiendo fuelle las hipótesis que miran hacia el extranjero.
Fuentes del ámbito de la Seguridad Nacional han asegurado a Crónica que «no se aprecian indicios concluyentes que apunten a la participación de un gobierno extranjero en el atentado». De modo que, aunque en la Audiencia Nacional siguen sin atreverse a descartar nada, el peligro vendría de dentro .
A Alejo Vidal-Quadras, de 78 años, el mundo se le paró de repente el jueves 9 de noviembre a las 13.35 cuando se disponía a entrar a su casa en la calle Núñez de Balboa de Madrid. Los testigos contaron a la Policía que un hombre joven, de 1.75 de altura, vestido con vaqueros y un jersey azul, que portaba un casco en la cabeza le estaba esperando. Vidal-Quadras había salido a caminar como todos los días y, antes, había escrito un tuit enfadado con el acuerdo por la amnistía a cambio de los siete votos que acababan de firmar el presidente y el prófugo de Junts. «Nuestra nación dejará de ser una democracia liberal para convertirse en una tiranía totalitaria. No lo permitiremos», difundió.
En la caminata se había demorado un poco y al llegar a la altura de su casa levantó la vista. El tipo que le esperaba, que apuntaba a la parte superior de la cabeza para reventársela, falló y le dio en el carrillo derecho. La bala de la nueve milímetros parabellum atravesó la mejilla, rozó apenas el hueso de la mandíbula y no se tropezó ni con los dientes ni con la lengua ni con el paladar. Salió por la otra mejilla destrozándola. El sicario salió corriendo sin rematar y se subió a una moto que le esperaba en la esquina con la calle Goya. «A ver si vuelve», advirtió el político a los viandantes que se aprestaron a ayudarle, y aguantó hasta que llegó la ambulancia. Su teléfono sonó. Ya no lo pudo coger. «Pero a ver, Alejo, no sé por qué te llevas el móvil si nunca contestas», le reprochó Carmen sin saberlo a la sanitaria. «Señora, han disparado a su esposo», le dijo ésta. Carmen se desmayó.
Alejo Vidal Quadras, físico y premio de la junta de Energía Nuclear primero, se convirtió luego en un político que empezó su recorrido en Solidaridad Catalana, pasó por UDC antes de recalar en el PP. Un día, después de que hubiera puesto a Jordi Pujol en aprietos, José María Aznar le llamó para contarle la conversación que había tenido con el president tras el pacto del Majestic que le garantizaba los votos para gobernar. «Quería pedirle una cosa más», dijo Pujol. «¿Y qué puede ser, si ya le he dado más de lo que me ha pedido?», respondió el líder del PP, según la versión de uno de los colaboradores del político catalán. Quedó claro que pedía la cabeza de Vidal-Quadras, que acabó de vicepresidente en el Parlamento Europeo.
El político catalán acabó dejando el PP para incorporarse a Vox y para su primera campaña aceptó el dinero de la organización de Muhaidines del Pueblo de Irán, opositores al régimen iraní, que realizaron 1.200 aportaciones en agradecimiento por sus esfuerzos para que Europa los sacara de las listas de organizaciones terroristas. Vidal-Quadras se marchó al año siguiente de Vox, también de forma traumática pero siguió defendiendo las mismas ideas.
El año pasado Irán sancionó a 12 personas y a ocho entidades europeas por «su apoyo a grupos terroristas» y por la propagación «de la violencia y el odio». Entre los sancionados estaban Javier Zarzalejos, German Terch y Alejo Vidal-Quadras.
Sin embargo, ya desde el principio, fuentes de la seguridad nacional desconfiaron de la participación de Irán. «Irán atenta en el extranjero contra judíos y contra disidentes, y si no, elige figuras de relevancia mundial. Y, desde luego, no falla el tiro», aseguraron a Crónica quienes se inclinaban por una explicación doméstica.
Los sicarios, desaparecieron. Una moto calcinada fue encontrada en Fuenlabrada. En las matrículas y en el seguimiento de las cámaras de seguridad está la respuesta.
