Otro de los fenómenos que expresa el analfabetismo ético y cívico en Cuba es lo que se ha llamado “la banalización del mal”. Esta degeneración antropológica y social, que atraviesa toda la vida de la nación dentro y fuera de la Isla, tiene su origen en la revolución cultural que tiene como objetivo borrar toda memoria histórica, toda verdad objetiva, toda normativa ética, toda conciencia crítica, introyectando un relativismo moral que llega a llamar bien al mal y mal al bien. Y no solo llamarlo invirtiendo la realidad sino premiar al mal y castigar el bien. Incluso codificar en leyes la penalización del bien, la verdad y el derecho.

