Artículo de Pablo Martín de Santa Olalla, publicado en Expansión, el 25 de octubre de 2022
La nueva primera ministra italiana se enfrenta a una elevadísima deuda pública sobre el PIB, problema que se agravará con las subidas de tipos de interés, además de afrontar el crónico bajo crecimiento de la economía.
Tras haber prestado juramento todos los ministros del Gobierno Meloni a lo largo del fin de semana, y antes del trámite de pedir la confianza al Parlamento en la semana que acaba de comenzar, llega el momento de examinar cuáles son los principales desafíos a los que, en el terreno económico, se va a enfrentar el Ejecutivo número 68 de la Historia de la Italia republicana. Retos que, por un lado, ya existían (como la elevadísima deuda sobre PIB y el problema que conlleva para esta las subidas de los tipos de interés del BCE, además de la dependencia energética y la guerra de Ucrania), y otros que, o se remontan a más atrás (como es el crónico bajo crecimiento de la economía del país desde el año 2000, con la excepción que supuso el +6.3% que logró Mario Draghi como premier en el año 2021), o que son nuevos y deben abordarse ya, como es la necesidad de una fuerte inversión en políticas que fomenten la natalidad. El envejecimiento del país resulta sencillamente estremecedor: en las últimas elecciones generales, hasta 51 de los 60 millones que componen la población italiana estaban llamados a las urnas, lo que supone que solo nueve millones se sitúan en este momento por debajo de los 18 años de edad. Todo ello sin olvidar que Italia ha sido tradicionalmente uno de los países con más bajas tasas de fecundidad.
Quizá el dato más preocupante es que el área económica es la más floja con diferencia en el conjunto de un nuevo gobierno que cuenta con 24 ministros, de los cuales 8 son independientes. Una cartera tan importante como Economía y Finanzas ha ido a parar al segundo hombre más importante de la Liga de Salvini, el lombardo Giorgetti, que no pertenece ni al mundo económico ni al financiero. Cierto es que estudió en la prestigiosa Universidad Bocconi (la misma de la que Mario Monti era Rector cuando fue nombrado premier en noviembre de 2011); que, igualmente, ha sido ministro de Desarrollo Económico en el Gobierno Draghi; y que cuenta con el apoyo tanto de éste como del que hasta ahora ha sido titular de Economía y Finanzas, el ex director general del Banco de Italia Daniele Franco. Y lo va a ser en un momento de extraordinaria dificultad no sólo para su país, sino para el conjunto de la UE, ya que la guerra entre Ucrania y Rusia, que no solo parece no tener fin sino que da la impresión de que puede alargarse bastante más de lo esperado, entra ahora en la fase decisiva porque el consumo de energía se va a disparar: ya no sólo será cuestión de la producción industrial, sino también del consumo en empresas y casas, en un país, no lo olvidemos, donde la principal región en número de habitantes (Lombardía, donde viven 16 de los 60 millones de italianos) situada en la zona más septentrional de la Península Itálica, puede llegar a alcanzar en invierno temperaturas muy bajas, sin olvidar el mismo Veneto o Valle de Aosta.
Infraestructuras y transportes
El otro ministerio clave en el terreno económico, que no es otro que Infraestructuras y Transportes, ha ido a parar a manos del jefe de filas de Giorgetti: Matteo Salvini. Lo que no hace posible realizar buenos augurios. Salvini, un hombre sin carrera universitaria, es el clásico hijo de la llamada política orgánica: ha sido concejal, eurodiputado, diputado y senador, e incluso ministro (de Interior, entre junio de 2018 y septiembre de 2019), con lo que sabe mucho de vida parlamentaria y de guerras internas de partidos, pero ahora tiene que ponerse al día de un campo cuyo nivel de conocimiento resulta sencillamente inexistente. Y se trata de un ministerio muy importante, por dos razones fundamentales: la primera, porque hay numerosas infraestructuras que modernizar (así se puso de manifiesto cuando el derrumbe del llamado Ponte Morandi, en agosto de 2018, que causó la pérdida de hasta 43 vidas); y la segunda, porque entre el llamado Recovery Fund (209.000 millones concedidos por la UE a la tercera economía de la eurozona) y el PNRR de Draghi (documento de 1.200 páginas en la que el gobierno se comprometía a acometer numerosas reformas pendientes a cambio de recibir unos 400.000 millones de euros), Italia se encuentra ante una ocasión única para recuperar el esplendor de otros tiempos.
Eso sí, Salvini se libra de momento de que le pidan la infraestructura postergada sine die y que no es otra que el célebre puente sobre el estrecho de Messina, que daría la posibilidad de unir por carretera la Italia peninsular con la isla de Sicilia: además de ya de por sí muy compleja por las corrientes marinas, se trata de una zona con un elevado grado de sismicidad, así que mejor seguir dejándolo apartado. A fin de cuentas, son tantos los premiers que han hablado de hacerlo y nunca lo han hecho, que nadie culparía al político lombardo de no haberlo intentado.
De momento, el Gobierno Meloni parece ir bien encaminado en el sentido de que, con Antonio Tajani de vice primer ministro y titular de Asuntos Exteriores, los apoyos a nivel comunitario serán de mucha garantía. Pero la deuda, por encima del 152% sobre PIB, pesa como una auténtica losa, drenando muchísimo dinero del Tesoro nacional en concepto de intereses de la deuda: con una prima de riesgo que en los días previos al nombramiento de Meloni se movió entre los 235 y los 240 puntos (frente a los 56-60 de Francia o 115-120 de España, recordando que en este momento el bono alemán es el de referencia), el nuevo Ejecutivo va a tener que moverse con enorme rapidez y habilidad, haciendo todo lo posible por dar la garantía a los mercados que Draghi sí era capaz de asegurar.
Meloni ya dejó claro con sus designaciones ministeriales que tenía nuevas prioridades con respecto a anteriores ejecutivos: la protección de la familia (lo que implica mejorar las condiciones de las nuevas generaciones transalpinas, que sufren una de las más elevadas tasas de desempleo de la UE); la igualdad de oportunidades (un ministerio que suele tener tan pocas competencias como fondos de que disponer); y la citada natalidad.
No deben olvidarse otros dos temas no menores. Por un lado, la creación de nuevos focos industriales en la zona más meridional (las industrias de Agrigento, Bari, Brindisi y Cagliaria realizadas en tiempos de la Democracia Cristiana (DC), languidecen desde hace décadas) para frenar la despoblación de regiones como Sicilia, Calabria o Puglia. Por otro, un tema QUE AFECTA muy directamente a la mismísima Meloni: la modernización en toda regla de su ciudad natal y capital del país, Roma, de la que por cierto ella misma trató de ser alcaldesa en 2016 (sin éxito). Y es que la Ciudad Eterna se encuentra en un deplorable estado de abandono: es, con diferencia, de entre todas las capitales europeas, la que peor estado presenta en este momento. Su actual alcalde, Roberto Gualteri, está haciendo todo lo que puede cambiar la realidad del paisaje actual, pero necesita con cada vez mayor premura fondos que vengan directamente de los Presupuestos Generales del Estado (PGE). Unos presupuestos que, gracias a Draghi y Franco, llegarán a tiempo para entrar en vigor en 2023, pero que, en la práctica, no son los de Meloni y sus compañeros de gobierno. Claro que quien fuera premier y su principal ministro son toda una garantía ante la UE, y la nueva presidenta del Consejo de Ministros lo sabe: a partir de ahí, ya vemos que no le faltan pocos retos aunque tiene lo fundamental, que es tiempo (cinco años de legislatura por delante) y maggioranza parlamentaria. Veremos qué es capaz de hacer esta joven política romana en su primera ocasión como premier.
Profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad Nebrija y autor del libro ‘Historia de la Italia republicana, 1946-2021’
