Reseña de Fernando Maura[1]
El pasado 3 de febrero, en el salón de actos de la Fundación Rafael del Pino, y la participación de esta institución y del foro LVL, se produjo un debate sobre las libertades y la Unión Europea, en el que participaron el ex-vicepresidente de la Comisión Europea Joaquín Almunia, el vicepresidente del grupo parlamentario Renew Europe Luis Garicano, y el secretario general del Partido Popular europeo Antonio López Istúriz. Moderó el encuentro la profesora e investigadora Mira Milosevich.
Los 75 minutos de contraste de pareceres resultarían lógicamente escasos para abordar un asunto tan amplio, pero sirvieron al menos para plantear las cuestiones más relevantes y comprobar que las opiniones, si bien muchas veces diferentes, no se convierten en obstáculos que convierten en imposible el acuerdo; demostración fehaciente de que en esta Europa fragmentada en 27 estados, y compuesta por todas las divisiones ideológicas posibles, los consensos se logran.
Europa fue el escenario de lo que el escritor Francis Fukuyama entendía como «el fin de la historia». Caía el Muro de Berlín y el modelo de economía de mercado, unido al de la democracia liberal, parecían definitivamente asentados -recordaría Almunia-. Sin embargo, las autocracias estaban presentes antes de esa fecha y lo seguirían estando después. Y en algunos países la deriva autoritaria es peligrosa —Brasil, ¿qué decir de Rusia?…—, y ni siquiera la Unión Europea supone un dique de contención a los déspotas, como está ocurriendo en Hungría o en Polonia.
Se podría adoptar una aproximación pinkeriana —alusión al escritor canadiense Steven Pinker y su elogio de los logros de la ilustración—, como sugeriría Garicano. Para el eurodiputado de Ciudadanos, Europa no tiene una amenaza existencial —se están tramitando ya los fondos Next Generation— y respecto de la deriva autoritaria que se está produciendo en Hungría y Polonia la UE dispone de mecanismos para revertir la situación.
López-Istúriz recordaría que el proyecto europeo es una historia de éxito. Antes exportábamos guerras, odios fratricidas e ideologías totalitarias; algunas regresan, pero se les puede vencer. Lo más importante es preservar el adquirido estado del bienestar. El procedimiento para conseguirlo es el acuerdo, que muchas veces parece impracticable, pero que pese a todo se logra.
Del estado de las libertades se pasaría a analizar la realidad económica de un continente que está saliendo de la crisis de la pandemia.
Una respuesta espectacular —en palabras de Luis Garicano—. El paquete de eurobonos aprobado ha supuesto un cambio gigantesco y todos los ERTE españoles los han pagado desde Europa. Queda, desde luego, el reto de emplearlos adecuadamente, y la compleja maquinaria administrativa española no ayuda mucho.
Antonio López-Istúriz vincularía la aprobación de los siempre demonizados eurobonos a las reflexiones de uno de los padres fundadores de la idea europea, Jean Monet, para quien Europa es un proyecto que se crea como consecuencia de las crisis que va atravesando. Aludiría también a que, después del Brexit, los acuerdos son más fáciles y formula el desideratum de que no fueran necesarios esos fondos para superar los problemas.
Para Joaquín Almunia no resulta apropiado seguir la estrategia del avestruz: Europa tiene problemas y no es posible ignorarlos. Ahora bien, hemos reaccionado adecuadamente y la coordinación de la compra de las vacunas es una prueba de eso. ¿Cómo habríamos salido de esta crisis si la tuviéramos que afrontar de forma individual, Estado por Estado? También los eurobonos son un caso de éxito, y habría que repetirlos. El ex-vicepresidente de la CE recordaría también que fueron España y Portugal los primeros países en proponer su puesta en marcha, y en cuanto al empleo de los fondos considera que la mayor parte de los recursos serán repartidos por las CCAA y por los Ayuntamientos,
El final del debate se refirió a los desafíos externos, en plena crisis por el conflicto en el Este de Europa.
Para el secretario general del PPE, la Rusia de Putin y la China de XI-Jinping han analizado la retirada occidental de Afganistán como el reverso de la caída del Muro de Berlín: una nueva oportunidad se ha abierto para ellos. Habíamos dado por concluida la guerra fría, pero está claro que no ha sido así. Si no queremos que sea el líder chino el que determine el futuro de las nuevas generaciones o que triunfe la estrategia de la división de Europa intentada por Putin, es preciso que reaccionemos, y la única manera de hacerlo consiste integrarnos en una política exterior y de seguridad, aunque habría que vencer los reparos que se le oponen desde la idea se la soberanía nacional; y la respuesta estaría en compartir esa soberanía. China es más bien un caso de amenaza económica,
Luis Garicano insistiría en las deficiencias ya tradicionales en Europa: la dependencia gasista de Alemania respecto de Rusia, la dificultad de asentar las energías verdes como única fuente de aprovisionamiento o la inexistencia de grandes empresas tecnológicas o de universidades punteras en los países de la UE.
Despediría el acto la última intervención de Joaquín Almunia, para quien es preciso cuidar de la democracia y reconocer que somos demasiado pequeños para afrontar el futuro sin integración. La solución es esa, no una especie de bicicleta de Monet con un motor. Toca que todos pedaleemos juntos. Y eso habría que contárselo mejor a los ciudadanos,
[1] Director del foro LVL de politica exterior
