El reino alauita visita Washington para informar de unos acuerdos históricos con el estado israelita que abarca todos los aspectos relativos a Defensa. Mientras, España busca una foto con Biden que no llega.
Artículo de DIEGO CRESCENTE publicado en LaInformación.com, el 28 de noviembre de 2021
Lectura recomendada por Fernando Maura
Moncloa busca una foto «como sea» y no es otra que la de Pedro Sánchez con el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, en la Casa Blanca. Es una prioridad para la política exterior española, sabedora de la importancia que juegan las imágenes y los símbolos en la diplomacia. Sin embargo, un obstáculo se ha interpuesto para cumplir el sueño del Ejecutivo de visitar Washington antes de que termine la legislatura: Marruecos. De momento el reino alauita ha conseguido que su ministro de Exteriores, Nasser Burita, haya sido recibido por el secretario de Estado de EEUU, Anthony Blinken.
El resultado de la reunión no ha podido ser mejor para los intereses de Rabat. Blinken manifestó públicamente su agradecimiento al canciller marroquí por su visita ya que «tenemos una asociación desde hace mucho tiempo con Marruecos, que queremos fortalecer y profundizar». De hecho, fue la primera nación en reconocer a Estados Unidos como país soberano y esto es algo que los americanos ni olvidan ni olvidarán, pese a que España fue la tercera en hacerlo. Es precisamente este deseo de ir más allá en las relaciones entre ambos países la que asusta en la remozada sede del Ministerio de Asuntos Exteriores en la plaza del Marqués de Salamanca.
En el marco de estas conversaciones está la situación en el Sahara Occidental. Blinken fue mucho más allá en sus declaraciones, al relacionar directamente la visita del ministro marroquí con el nuevo enviado especial de Naciones Unidas para el Sahara Occidental, Staffan de Mistura. El secretario de Estado norteamericano mostró su intención de conversar con Burita sobre el «trabajo y los esfuerzos» realizados por el funcionario internacional en la zona.
Como no podía ser de otra forma, el ministro marroquí, mucho más entusiasmado que su homólogo americano, especificó la agenda concreta que le había llevado a Estados Unidos, centrada en «enriquecer nuestro diálogo estratégico, nuestra cooperación militar y en cómo defender nuestros intereses». Incluso llegó a situar a Marruecos como el pivote sobre el que girarán «otros problemas como el cambio climático o el extremismo» en Libia y en el resto de África con la intermediación de Estados Unidos.
Al margen de las declaraciones, lo cierto es que el país de las barras y estrellas mantiene su apoyo a Marruecos en el Sahara Occidental, explicitado por el anterior presidente Trump y que Biden ha reafirmado ya con un apoyo expreso a las pretensiones marroquíes al no retirar el decreto firmado por su predecesor. En este sentido, hay que recordar que en 2014 Mohamed VI recibió al actual mandatario americano, entonces vicepresidente de Estados Unidos, para «leerle la cartilla» ante el enrarecimiento de las relaciones entre ambos países. El motivo no fue otro que la propuesta presentada ante el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas que otorgaba funciones de supervisión de los derechos humanos a la misión de la ONU en el Sahara Occidental. Marruecos puso a funcionar su maquinaria diplomática y, tras el encuentro con Biden, Estados Unidos retiró la propuesta.
Por parte española, además de los escasos 30 segundos que duró el encuentro entre Pedro Sánchez y Joe Biden en la cumbre de la OTAN, destaca el encuentro que mantuvieron el 6 de octubre Blinken y José Manuel Albares, ministro de Asuntos Exteriores. A diferencia de la reunión con Marruecos, esta tuvo lugar en París con motivo de la reunión ministerial de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), celebrada en la capital de Francia. Poca cosecha en comparación con la obtenida por Rabat en tan solo una semana.
Con Israel de la mano
Marruecos sabe jugar (y muy bien) sus cartas. En realidad, el motivo de la visita de Burita tenía como pretexto informar en persona a la administración americana de la visita del ministro de defensa israelí, Benny Gantz, a Rabat, también esta misma semana, para la firma de los que sin duda son unos acuerdos históricos entre dos países que en el pasado fueron adversarios de primer nivel. El alcance de la nueva relación entre Israel y Marruecos es tal que abarca todos los aspectos relativos a Defensa, incluida la inteligencia, la ciberseguridad, formación militar, y lo que es más importante en el campo de la seguridad: la transferencia de tecnología.
El acuerdo permitirá, en palabras de Gantz, «cooperar con ejercicios militares conjuntos» en un momento en el que las relaciones entre Argelia y Marruecos se encuentran en su peor momento. El hecho de pensar que efectivos israelíes podrían pisar suelo marroquí, a tan solo unos kilómetros de la frontera argelina, pone de los nervios a todas y cada una de las cancillerías de ambas orillas del Mediterráneo. Junto a la firma del acuerdo, Marruecos podría haber adquirido el sistema de defensa antidrones Skylock Dome, una acción para «blindar» a Marruecos ante ataques procedentes de Argelia, que recientemente se ha hecho este tipo de material militar de Rusia y Turquía. Una nueva vuelta de tuerca que tensiona aún más el caos que se está generando entre Argel y Rabat.
El espacio de mediación entre la comunidad árabe e Israel ha sido tradicionalmente territorio español. Los esfuerzos de los gobiernos socialistas, con Miguel Ángel Moratinos a la cabeza, para mostrar una tercera vía en las relaciones entre árabes e israelíes está en peligro, ya que Israel aprovechará la ocasión para acercarse a Rabat e, incluso, apoyar a los marroquíes en su apuesta por ampliar su soberanía al Sahara Occidental. Marruecos ha demostrado que no tiene ningún rubor en dejar de apoyar la causa palestina, antaño objeto de las mayores protestas celebradas su territorio.
Desde el equipo de Albares guardan el sigilo debido ante un movimiento que está reconfigurando la escena en Oriente Medio y el norte de África. Sin embargo, la diplomacia no implica inacción y ante el reposicionamiento de americanos, marroquíes e israelíes, Madrid sigue ensimismada en la búsqueda de una foto que no llega y lo que es peor, que podría simplemente quedarse en un gesto inmóvil ante la imprevisibilidad de los acontecimientos que están por llegar al norte de África. Para Estados Unidos, la diferenciación entre España y Marruecos es clara: nosotros somos socios, los marroquíes son «aliados estratégicos», Washington dixit.
